Broma del día de limpieza

Broma- Contratando a chicas para limpieza de homicidio. Video del día. abril 17, ... Los incendios del Círculo Polar Ártico liberan 244 megatoneladas de CO2. Popular. junio 5, 2013 La extraña lingüística del amor. noviembre 11, 2019 9 Acertijos cortos que exigen una solución lógica. También conocido como el día de los santos inocentes, corresponde con la conmemoración bíblica de la matanza de menores de 2 años ordenada por Herodes en Belén. Actualmente, corresponde con el día 28 de diciembre, aunque si nos atenemos a los datos que proporciona el evangelio de Mateo, dicha matanza ocurrió después de la visita de los magos de oriente, que tradicionalmente se ... Al respecto de los llamados de broma, la directora general manifestó que gracias a las campañas de sensibilización para el uso adecuado del 911, llevadas a cabo en escuelas, instituciones y empresas; el número de estos llamados se redujo de 38 mil 681 reportadas durante el año 2018, a 21 mil 932 durante el 2019, reflejando el éxito de ... La historia fue clasificada como el engaño número 1 de todos los tiempos de April Fool’s (el Día de los Inocentes) por el sitio web del Museum of Hoaxes, una excelente fuente de tonterías. 2. Con más de 150 mil seguidores, Tavares se dedica a compartir tutoriales de belleza y generar contenido vinculado al estilo de vida. En una de sus últimas historias de Instagram grabó a su empleada doméstica mientras limpiaba el inodoro: 'Por fin, por fin', le dijo a la mujer mientras la filmaba con el teléfono. 29-dic-2016 - Explora el tablero de Javier Montoyo 'Bromas' en Pinterest. Ver más ideas sobre Bromas, Broma pesada, Bromas día de los inocentes. El tono del comentario fue en broma, según un reporte de Bloomberg, lo que desató risa de asistentes a la cena, donde también estuvo la primera dama Melania Trump. Broma 1: El desodorante en barra Para realizar esta broma, necesitamos un amigo que utilice el típico desodorante en barra. No importan tanto las marcas, lo importante es el formato. Aquellos desodorantes de rollón, no queda igual de bien. Apretando por los lados, la pastilla de desodorante se desencaja completamente. Posteriormente, recortamos la crema de quesos, en este caso de marca ... Por ejemplo, el día de lo del teléfono”, añadió. Supuestamente los miembros del reparto no estaban de acuerdo con la aparición de Ana y uno de ellos le dijo al director: “No sé por qué tiene que estar la señora de la limpieza aquí mientras que nosotros salimos'. “Vamos, que él era el que daba las órdenes, no el director ... La limpieza de canalones en comunidades de propietarios es un tema muy sensible, que hay que tomar en serio y que no es apto para la chanza doméstica.. Todo canalón, por designio de vida, está destinado a sufrir un caso agudo de acumulación compulsiva. Si este problema es suficientemente grave en las viviendas unifamiliares, el caso es exponencial en los canalones de las comunidades de ...

Mi primer capiulo :3

2020.08.12 02:13 Librarii Mi primer capiulo :3

HERFANES
Capitulo 1.
- Ahhhh! – De forma brusca, algo la levanto – Soñé algo horrible, Melisa… Estabas muerta en mi sueño – Exhala – Al menos sé que fue una pesadilla solamente – Con el tremendo susto que recibió, agarro su almohada y volvió a acostarse - ¿Meli?, hey ¿Estas bien? – Tomo su mano, quiso ver si tenía pulso, su expresión facial se transformó en algo terrorífico, no sentía el corazón de su hermana – ¡Responde! ¡No me dejes! – Le hizo RCP esperando que hubiera alguna reacción – Meli… - Reposo su cabeza sobre sus brazos, y con lagrimas que recorrían sus mejillas, nariz y boca, solo podía rezar para que esta fuera otro mal sueño.
- Ahhhh! – Otra vez se despertó, pero ahora de verdad. En efecto, todo era falso, miro a su costado y no había nadie, se paró de la cama, y con sus pies desnudos, salió de su habitación. Bajo por unas pequeñas escaleras hechas de piedras, y camino cuidadosamente por el patio, justo en la zona de entrenamiento.
Ella salió a tomar un poco de aire fresco, a reflexionar un poco lo que había pasado. Mientras se lo planteaba escucha un sonido fuerte proveniente de la cocina, ella por su cuenta decide investigar, la luz esta prendida, lo que es raro a esas horas de la madrugada, se llevó un palo de madera que se encontró muy cerca de ella, de hecho, lo dejo ahí una noche anterior, abrió poco a poco la puerta, sin saber lo que iba hallar- ¡Te atrape! ¡Ahora dime que haces aqu…! – Su rostro de valentía se convirtió en decepción.
- ¡Sorpresa! Tardaste un poco Laria, tal vez dejarte una nota de venir aquí en vez de parecer un intruso era mejor, pero quería hacer algo más interesante y no tan típico, mira esto – agarro un cañón de confeti – Que raro, no funciona, a lo mejor si meto un cuchill... –Antes de terminar su frase, el cañón explota soltando un montón de confeti – Woah ¿No es genial?
- ¿Qué es esto Melisa? – Pregunta Laria
- ¿No sabes qué es? Es tu cumpleaños boba, eres adulta… En algunos países-
- Iugh
- No pongas esa cara – Melisa pone sus brazos cruzados – Mira, aquí están todos – Empezó a señalar – Ahí esta Marcos, Santi, Amber y otros que no me acuerdo su nombre jeje -
- ¿Y María y Silas? – Pregunta Laria
- Ah, ellos no pudieron venir, están un poco ocupados, pero no es nada contra ti, ya sabes cómo es esto, entre mas rango mas trabajo.
Antes de que pudiera celebrar el cumpleaños y soplar esas 18 velas, cerro con fuerza la puerta, todos en ese lugar se quedaron impactados – ¿No le habrá gustado el pastel? Jeje – Melisa intento hacer una broma para ligerar la tensión.
Afuera, en la zona de entrenamiento, Laria paseaba. Andaba molesta, todos sabían que a ella no le gustaban las fiestas ni los cumpleaños ¿Qué estaban intentando hacer? Pero más que eso, quería saber porque soñó lo que soñó ¿Significaría algo?
Esa duda la hacía sentir rara, solo sabía una forma de afrontar sus emociones, sea cual sea, fue directamente a la armería que estaba enfrente de la cocina y la zona de entrenamiento. Tomar con sus manos el arma con mas filo que había, y volver.
Sin antes darse cuenta, ya sostenía una espada tan filosa que el reflejo del amanecer se podría deslumbrar por completo, dirigiéndose al muñeco de practica que tiene el mismo tamaño de Laria, 1.83 aproximadamente, totalmente de madera. Se posiciono, agarro con fuerza el mango y se dispuso a atacar, fue tan duro el golpe, que dejo una marca en el muñeco tan notable, si hubiera tenido una espada del doble del grosor de la que poseía, seguramente lo partiría a la mitad.
- Oye – Le hablo Melisa – Sé que no te gusta nada de esto, pero quería hacer algo lindo por ti, digo, cumples 18 años, el mas importante, por fin podrás ser una líder, siempre has querido eso ¿No?
- Eso es lo que más me incomoda
- Vamos, seguro serás una gran…- Las palabras de Melisa fueron interrumpidas por una voz muy profunda, que cada vez que la escuchas sientes como si fuera una persona que no importa lo que diga, le sueles creer, que seguirías hasta el fin del mundo.
- Chicas, tenemos un asunto que tratar – Explico – Síganme
El peculiar hombre, las guio hasta la sala madre que está a una puerta de la cocina, del lado izquierdo. Es enorme, pero curiosamente muy vacía, no había televisión, ni sillones, en general ningún mueble u objeto que no fueran necesarios, casi todo se rellenaba con cojines, mesas pequeñas, libros. Las paredes llenas de espejos y obras de arte, autorretratos, algunos eran familiares, otros eran héroes para ellos, y porcentaje menor, eran pinturas llenas de simbolismos y filosofías.
Es tan grande el lugar, que había muchísimas puertas, tantas que hay 4 pisos repletas de ellas, Lo grande y ancho del lugar, mas el hecho de que no tenían muchísimos objetos creaba del sonido mas diminuto, un eco enorme, en especial cuando no hay nadie. Todas las habitaciones son de miembros, cada uno con su respectiva cama, baño, y alguna que otra pertenecía personal, solo pocos eran los afortunados en tener un cuarto separado de los demás, y entre las personas con suerte se encuentran Laria y Melisa.
El de la voz gruesa abrió una puerta que esta escondida detrás de una librería, Con una llave dorado que la tiene colgada en el cuello, pero que no se alcanzaba a ver por su saco que la cubría, Uso esa llave para girar la cerradura. Enfrente de ellos hay una escalera en espiral hacia abajo, los esperaba un camino tan estrecho que solo podían avanzar uno a la vez. El pasillo es como el de un bunker, al ser de concreto y teniendo unas luces blancas que parpadeaban, le daba un ambiente sofocante. Al llegar, una entrada de metal les negaba el paso, el hombre se encargó de dar una contraseña, antes de que hicieran un gesto, la puerta metálica se abrió, dejando ver lo que había adentro. Un centro, eso era. Un lugar lleno de libros, hojas en la mesa, en varios tablones e incluso en el suelo, todas repletas de información, de personas que siguen en búsqueda, objetos perdidos, secretos de países y facciones enemigas, así como los suyos. Los únicos que podían entrar ahí, eran los propios líderes y alguno que consideraban digno, por lo cual, casi nadie sabía de ese lugar, para la mayoría solo son rumores.
- ¿Que ocurre Padre? – Pregunto Melisa.
- Miren esto – El hombre es bastante alto, mas que Laria, alcanzando 1.95, piel blanca, cejas firmes, y unos ojos cafés que mostraban confianza ante la situación mas complicada, del mismo color tiene su saco y sombrero, un pantalón que combinaba con su zapato, ambos son igual de negros, en el caso de sus zapatos, podrías ver hasta tu reflejo – Hay un collar muy valioso que debe ser encontrado.
- ¿Un collar? – Pregunta Melisa intrigada.
- Si vale mucho, se dice que su valor puede ser llegar hacer de una hoya repleta de monedas de oro, hay coleccionistas que pagarían muy bien por esto – Fue directamente a Laria, toco su hombro y le dijo – Estamos esforzándonos a encontrarlo, no somos los únicos que la buscamos, con ese dinero podríamos pagar nuestros gastos, tal vez por muchos años.
- ¡Bien! ¿Cuantos iremos? ¿100? ¿200? ¡Espera! ¿Si somos 200 podemos llamarnos equipo Melisa? – Melisa con gran entusiasmo como siempre, le hizo reír a él, de mejilla a mejilla. Laria ni tan si quiera mostro un gesto.
Melisa tenía 14 años, Rubia, de ojos azules, de unos 1.63 metros y una sonrisa más grande que cualquier luna menguante, por lo cual su visión de la vida es graciosa y un tanto inocente, eso la distinguía de forma muy especial en ese lugar, y en el corazón de muchos. Se llama Melisa Lockheart, pero todos la conocían como la pequeña Meli.
Laria en vez de parecerse a su hermana, la diferencia entre ambas es enorme, cabello castallo, ojos oscuros, y mientras Meli siempre le encantaba estar rodeada de gente, Laria se sentía mejor en la soledad, incluso cuando entrenaba. Su visión del mundo es seca, como si nada le causara una respuesta que no fuera la de tirar la mesa e ir se. El Yin y el Yang plenamente representados en ellas.
- No Meli – Aclaro el hombre – Lo que necesitamos es cautela y sigilo, por eso iran los que pienso que están mejor en esta misión.
Melisa solo pensaban en una cosa
- Serán: Parlo Adam, Amber, Laria, Melisa y yo.
- Mm… Adam ¿Ese debilucho? – Laria entre dientes aclaro su disgusto.
- AHHHH, tiene que ser una broma SIlas – Melisa con una molestia, le replico
- ¿Pasa algo Meli? – Pregunto Silas.
- No… Solo que como ya comienzan las clases, no quiero sobre esforzarme jeje.
- Meli… ¿Qué te dije sobre las mentiras?
- ahhhh – Suspiro – “Si miento, le miento a mi dios, a mi padre y a mi”
- Bien, ahora dime porque no quieres hacer la misión.
- Iba a ir con unos amigos a Lucierna.
- ¿Sera pronto?
- Un poco después de entrar a la escuela.
- Okay, intentare…- Silas fue interrumpido por un regaño que seguro se escucho fuera de esas paredes.
- Meli estúpida – Dijo Laria - ¿En serio le prestas mas atención a tus amigos que a tu propia familia?
- Pero…
- Cualquier excusa no vale – Laria la siguió regañando sin perdón, verla enojada era como un tigre que no ha comido en años, y que se despertó para cazar, en algo todos los Herfanes estaban de acuerdo, y es que con una mirada podía hacerte temblar – Señor, perdón por esta molestia, Melisa estará preparada cuando usted lo ordene ¿Verdad Hermana?
- Si… - Melisa responde un poco obligada.
- Perfecto – Silas se puso sus lentes y se sentó en la mesa ovalada que se situaba en el centro de todo – Pueden retirarse, cuando consiga mas información, les daré la orden de ir, mientras tanto, entrenen, que las podría llamar en cualquier momento.
Laria y Melisa hicieron una pose de respeto, que consiste en hacer una reverencia con su cabeza de 5 segundos, mientras a su vez, agachan los dedos, meñique y anular, los demás dedos se posicionan de una forma singular, como lo que hace un niño para simular una pistola, y se lo ponen en el pecho. Melisa uso su mano derecha, y Laria la izquierda, para que el simbolismo signifique muchísimo mas, se debe utilizar la mano que mas usan, en el caso de Melisa es diestra, y Laria zurda. Después de los 5 segundos, se dan la vuelta y proceden a ir se.
En el pasillo en el que anteriormente estaban, volvieron a platicar Laria y Melisa.
- Oye Laria
- Mhh.
- ¿No te parece raro que ahora estamos buscando a un collar?
- ¿De que hablas? – Seguían platicando mientras avanzaban por ese espacio estrecho
- Todas nuestras misiones han sido de buscar información, o atrapar criminales ¿Ahora de pronto buscamos dinero y un collar? Y para colmo, es ultra secreto, por algo envió pocos, y cada uno de ellos son cercanos a él. Es raro.
Laria paro en seco – ¿Ahora te lo tomas en serio, después de avergonzarme enfrente de Silas? No seas tan quisquillosa, si él tiene un motivo hay que creerle.
- Si, lo sé, pero sigue siendo raro – Melisa reafirma su posición.
- Shh – Laria recurre a callarla – No digas nada hasta salir de aquí, seré tu líder y debes aprender a obedecerme.
Melisa no produjo ningún ruido, ni tan siquiera una expresión en su cara, simplemente se calló y ambas siguieron adelante.
Al salir de ahí, las dos se encaminaron a su habitación. El sol ya estaba en lo alto, al estar durante mucho tiempo encerradas abajo, cuando salieron a la superficie, fue un golpe duro en la cara, Melisa deseaba bajar de nuevo. Con un poco de molestia en sus ojos, subieron en la escalera de piedra que conectaba con el cuarto, abrieron la puerta y aunque no lo parecería de un principio, es enorme, machismo mas que los otros dormitorios.
Las paredes, el piso, las alfombras, las cortinas, los sillones (Uno de cada lado) Son azules, no había ningún color que sobresaliera más que ese.
Una cama matrimonial ocupaba la mitad de la habitación (Que también es azul), unos buros al lado de la cama, uno por cada lado, en ellos había ropa, libros, y alguno que otro objeto personal, en el caso de Melisa, tiene unos lentes, dentro de su estuche, y en la parte de atrás, la leyenda – Para mí bebe, espero que algún día puedes ver, lo que ninguna persona puede – Junto unas iniciales, la R y la H estaban muy remarcadas. Siempre le intereso saber de quienes son los lentes, y quien es o era R.H.
Laria también tiene un objeto valioso, consistía en un cuadro pequeño que ilustraba una flor, nadie sabía que significaba eso para ella, ni su propia hermana tenía esa información, no suele contar cosas de su vida.
Mientras la arreglaban, oyeron tres golpes con el puño cerrado en la puerta. Abrieron lo mas rápido posible pensando que era urgente, pero su preocupación se volvió alegría al ver de quien se trata. Un adulto joven, de tez de morena, con una estatura moderada, unos 1.85.
- ¡Parlo! – Melisa se sorprendió al verlo tan pronto, lo único que sabia de él, fue hace semanas, donde se enteró que está en una misión, pero solo Parlo y Silas compartían los datos.
- ¡Meli¡, ¡Laria¡, las extrañe chicas – Él es de todos los miembros, que mas ha estado con las dos, y el que mejor las conoce, se convirtió en un tercer hermano para ellas.
- Miren quien volvió, cuéntanos alguna historia, estoy segura que viviste alguna que vale la pena relatar.
- ¡Claro Laria!, he reído, sufrido, incluso amado – Ha Parlo se le escapo una pequeña risa – ¿y a ustedes? ¿Cómo les fue sin mí?
Sin clases, sin misiones, sin escuela, y ningún otro ocio, parecería que no había nada y que ambas estuvieran aburridas, pero a pesar, de que Laria en efecto se sentía un poco vacía, y solo pudo responder con un “Nada interesante”, Melisa veía cualquier cosa interesante y divertida, le conto sobre el día en que se lastimo en un entrenamiento, justo en la rodilla, pero que sus amigos estuvieron con ella, le hablo de que por curiosidad, siguió a una sola hormiga, hasta su hormiguero, de cómo casi le gana en Ajedrez a María, en fin, varias historias divertidas.
- Jajaja, me alegro por ti Meli – Dijo Parlo – Bueno, acaba de comenzar el día, tenemos mucho que hacer, las veré en la hora de la comida.
Después de que se despidieran, las hermanas Lockheart fueron a comer a la sala madre, habían llegado un poco tarde, pero todavía había algo para ellas. Melisa, Parlo, Laria, Amber, y Marcos se sentaron juntos en el piso para comer, todos querían saber lo que
Parlo había vivido en estas semanas, algunas cosas, no las pudo decir por razones de con fidelidad, pero intento responder todo lo que pudo
- Hey Parlo, dijiste que incluso amaste ¿Quién era? ¿Cuántos años tenia? ¿Cómo la conociste? Necesito saberlo todo.
- Cálmate un poco Meli jejeje, - Se podía ver el brillo en los ojos de la pequeña por saber - ah, pues fue una chica muy hermosa, la conocí en una panadería, trabaja ahí, le ayudé a subir unos costales de harina al camión, como tenía tiempo decidimos quedarnos un rato largo para hablar, fue alguien que me ayudo a no volverme loco en tiempos en los que la soledad era mi única amiga.
- ¿Te acostaste con ella?
- ¡Amber! ¿Cómo le preguntas eso?… ¿Pero lo hiciste Parlo? – Amber tiene el caballo gris y en forma de hongo, una estatura muy similar a la de Meli, ella no tiene pena con nada, es como si todo le diera exactamente lo mismo.
- No te preocupes, supongo que tienen curiosidad, pero esta Meli y le puede traumar mi respuesta – Todos se empezaron a carcajear, incluso Laria soltó una leve sonrisa
- ¡Oigan, dejen de tratarme como una niña! – Melisa quería reírse del chiste, pero mostro como un falso enojo para no darle la razón a Parlo.
- Pero eres una niña, je – Amber sacudió el cabello de Meli
- Jajajaj, para que negarlo, si fue divertido – Se dio cuenta no podía seguir ocultando su risa
En la comida, todos se la pasaron bien, contaron anécdotas y después de mucho tiempo, todos se sentía como una familia otra vez, aunque todo lo bueno debe terminar, y asi fue, enseguida de terminar de comer, entrenaron alrededor de seis horas, fueron a un patio que de hecho parecen terrenos, fuera de la instalación, es gigante, lo suficiente para que pueden albergar hasta 300 personas entrenando, con sus propios muñecos, pesas y largo etc., para sentirte que puedes mejorar en cada aspecto que desees, incluso hay maestro de varias artes marciales, que anteriormente también eran Herfanes como los propios chicos y adultos que siguen practicando.
Había cuatro tipos de rangos, el primero es el cargo de Lider, algo que solo tres personas actualmente lo tenían, Parlo, Maria y Silas, son lo mejor de lo mejor.
El segundo es la Elite, solo los que más tenían habilidad, inteligencia, fortaleza y que demuestran día a día su combate excepcional, entre ellos están Melisa, Laria, Marco, Amber y otros mas. Ellos no practican con los demás, sino en la zona de entrenamiento que está adentro.
El tercero consiste en practicantes o de plano gente que nunca alcanza a la gente de Elite, y realiza misiones de menor rango, algunos esperan ser de más utilidad en un futuro.
Y el ultimo rango es ayudante, son personas que generalmente no combaten, y se dedican a otra cosa, cocineros, jardineros, de limpieza o médicos, ellos suelen ser lo que mas apoyo consiguen para su estudio.
Una vez hayan terminado, suelen tener tiempo libre, Melisa fue con otros miembros a comprar helados, su favorito es el de vainilla, y en eso, Laria leía, un cuento, es interesante, habla de cómo un lobo dejo su manada, para buscar una mejor vida, un librito que normalmente se les contaba a los niños, pero eso no fue suficiente para que no le encante.
Como todos los días, llego la hora de dormir, se pusieron sus pillamas, cenaron, y se acostaron juntas, Melisa con el día tan gracioso y productivo que tuvo, iba a descansar bien, el problema es Laria, que cuando soñó lo de su hermana, no le pareció gracioso ni
para recordar, esperaba que en un futuro no pasara nada, y que olvidara pronto, esa terrible pesadilla.
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2020.06.29 09:13 nenuFare Mi aportación al rincón del artista!

Post inicial.
Seguramente poca gente participe y esto a pocos le importe pero yo como persona que dijo de hacer esto voy a cumplir y mostrar lo que he hecho esta semana con el tema de los pecados capitales.
Me ha costado mucho porqué quise salir de mi zona de confort y hacer algo mucho las realista. Mi estilo de escritura es pomposo y casi idílico, por lo que lo que hice me da ganas de rellenarlo de metáforas, palabras rimbombantes y largas descripciones. Pero no se puede, este texto va sobre una carta de un chico asustado y encerrado por días así que no debería see ni coherente, ni estar adornado por bonitas palabras. En fin... No estoy orgulloso de esto pero igualmente lo enseñó.
[TRIGGER WARNING: tiene contenido explícito, si no soportas este tipo de materiales por favor no lo leas]
“Querida madre: No sé porqué me atrevo a escribir está carta pero, así lo hago, peor aún si es probable que no leas esto... ¿Sabes todo lo que ha pasado estos días?
Todo comenzó cuando llegué a la iglesia. El camino había sido frío y peligroso, lleno de lúgubres vegetaciones y rocas que muchas veces se entorpecían a las ruedas del carro donde yo iba. Casi como si esos pedruscos estuvieran avisándome de que debía dar media vuelta y jamás entrar en esta iglesia. Pero llegué y entre en la zona verjada, el sitio está abandonado por el exterior. Al inicio pensé que sería una mala broma pero no lo era. ¿Cómo se puede creer que un edificio con la cruz rota, las hiedras trepando y el césped tan alto como un gigante sea atractivo? Realmente el aspecto exterior de mi nueva residencia estas semanas iba ser horrorosa, una jungla que solo he explorado un par de veces y que está llena de pecados dolorosos que arañaran tu piel haciéndote sangrar.
Cuando pisé por primera vez este alocado jardín delantero, como ya te dije con hierba tan alta y espesa que no puedes ver lo que hay a tu alrededor cuando te adentras en ella, me perdí. El vago sendero que se marcaba por un césped mucho más marchito y sin ninguna hierba alta se fue de mi vista en algún mi momento y acabé asustado en medio de la marea verde salvaje que era la hierba. Camine a ciegas, intentando ver el cielo todo lo que podía en un intento fallido de no perderme, en orientarme. No funcionó. Acabe incluso más desorientado y cuando pensé que aquella marea de hierba podría incluso ser infinita vi un claro donde un hombre vestido con sotana estaba de espaldas a mi dirección. ¡Había encontrado a uno de los hermanos que vivirían conmigo! Madre, no sabes la felicidad que eso me provocó. Ya no estaba perdido, estaba con alguien que me ayudaría a salir de ese lugar.
El hermano que vi se llamaba Narciso, y convenientemente cultivaba narcisos en ese mismo instante, cuando agotado pero feliz de verle me acerqué con la respiración pesada. Recuerdo que la charla que inicialmente tuvimos, en la cúal me dijo su nombre, fue bastante superficial. Hablamos de la espesa hierba y sobre mi llegada mediante el salvaje camino, pero el hermano siempre terminaba alabando sus flores por lo que terminé esa conversaicón muy pronto. Era extraño pero lo deje pasar por la euforia de verme capaz de salir de ese laberinto asfixiante de hierba verde.
Me ayudó a salir, no dijo ninguna palabra en el momento y un camino perfectamente construido entre la hierba se dejó ver mientras él se dirigía a él. Me quedé impactado en ese momento. ¿Como había podido ignorar la presencia de tan bien acicalada ruta y haberme perdido en la marea alrededor? De verdad que me encontraba perplejo mientras seguía los pasos elegantes y lentos del otro hermano.
Me llevó dentro de la abadía y el sonido de nuestros zapatos rebotó por todas las paredes. El sitio estaba pulcramente limpio y estéril de mobiliario. Estaba cansado del viaje y desaproveche mi única oportunidad de ver el contenido de las zonas comunes de la casa. Le indique al hermano de mi necesidad de ir al baño, intenté hacer mis necesidades cuando había estado entre las hierbas pero el remordimiento de hacer mis heces en el patio frontal de mi futura vivienda me lo impidió. Narciso fue muy amable, conduciendome a través de un sombrío y estrecho pasillo hasta un pequeño baño donde solo habían un retrete, una pileta y una bañera con una cortina que me impedía ver si había agua dentro de ella. Él se marchó, diciendo que debía seguir cuidando de sus queridas flores y que yo podría rondar por el lugar mientras no fuera la hora de la comida. A esa hora todos se dirigieron afuera donde almorzarían juntos antes de retomar sus santas actividades. Se me helaron los pelos, por alguna extraña razón cuando la puerta se cerró y me dejó lo que aparentaba estar solo.
Estaba algo nervioso tras su marcha. No soy un hombre miedoso, eso lo sabes mamá, pero el paradigma de encontrarme solo en el desconocido y extraño lugar me aterro por unos segundos. Igualmente, aún con esos intensos sentimientos me atreví a levantar la tapa del baño y decidí hacer aquello por lo que venía. Me baje el pantalón y pude al fin sentirme más ligero. Deje que es estrés y angustia que aquel lugar y aquel hermano me provocaron desaparecieran por un instante antes de levantarme y limpiarme con el material que habían dejado al lado. Estaba de espaldas al retrete y enfocado en mi labor por lo que cuando termine con esta y me gire, una imagen horrenda apareció frente a mi.
Un hombre, parecía ser muy mayor y tener los rasgos sumamente marcados. Estaba de cuclillas frente al retrete, su cabeza completamente metida en el agujero y ruidos morbosos de estar alimentando salían de su boca. Aquel hombre estaba comiendo mis heces, las estaba engullendo como un completo festín que arañaba lo esquizofrénico y el movimiento compulsivo. No podía parar y no lo hizo hasta que de la porcelana blanca sucia solo quedaron lineas de materia marrón. Él se levantó y se giró, pude ver bien su cara. Sus ojos brillaban con fuerza, felices y alegres mientras una sonrisa casi agradecida aparecía en su demacrado y arrugado rostro. Uno en el que aún quedaban restos de su anterior alimento, los cuales quitaba con una larga lengua que dejaba marcas brillosas de saliva allá donde elimina residuos marrones.
Sentí ganas de vomitar y en un instinto casi natural salí corriendo, incapaz de seguir observando el perturbador rostro de ese hombre. Sobrelleve mis manos a la boca y ahogue el impulso de echar la verde bilis por mi fauce. Corrí tanto como mi pesada ropa y mochila, mis cansadas rodillas y mi angustioso y vomitivo estado me permitieron, buscando encontrar el lugar más alejado de aquella persona en la casa. Por un momento pensé en Narciso, un solo segundo que más próximamente me mataría. No sabes cuanto me arrepiento, madre, de haber pensado en ese desalmado con nombre de flor.
Era cuestión de tiempo que fuera hora de comer y yo aún seguía corriendo por la casa, atemorizado de ver al anciano perturbado. Supongo que fue el destino, o la maligna mano de Dios la que me llevó a las cocinas de la casa. Algo en mi estómago se removió por extraño que pareciera y termine por llenarme de coraje y entrar en aquel lugar. Estaba desierto, una olla grande de cobre estaba hasta arriba de lo que parecía ser un guiso mientras al lado yacía una tabla de cortar con pequeños pedazos de carne colocados al extremo contrario de donde estaba el cuchillo que seguramente los habría cortado. Recuerdo ese detalle a la perfección, un detalle que escondía un grave trasfondo siniestro.
Me aventure e incluso me acerque a la olla, cuando estaba por probar la comida una voz me sorprendió. En la sala había otra persona, por primera vez una mujer. Llevaba un traje de monja y su cara era rechoncha, se notaba bien que se alimentaba con suficiencia. A los segundos aprecio otra mujer, está era delgadas e incluso parecía estar en los huesos. Las dos eran monjas y pensé que quizas podrían explicarme algo de lo que me pasó en el baño pero antes siquiera de poder decirles algo, me vieron y me sujetaron de un brazo y me arrastraron fuera de la cocina, dirección a una sala anexa que no pude ver debido a que se encontraba a oscuras. Comenzaron a cuchichear fuera de donde yo estaba y en algún momento el ruido del filo de un cuchillo sonó. Me llene de terro y juro por ti, madre, que temí por mi vida. Las luces se encendieron y el lugar se dejo ver. Si antes temía por mi vida ahora de verdad que me planteé el hacer mi último rezo. Las estanterias, de lo que en un pasado fue la despensa, ahora estaban llenas de tarros con organos humanos en un extraño líquido que parecía simular a la salmuera. La mayoría de esos despieces que por el tamaño solo podian ser partes de cuerpos humanos, eran corazones. Las dos monjas se acercaron de la posición en la que estaban antes, en el marco de entrada al lugar. El cuchillo brillante y visiblemente bien afilado reposaba en la mano derecha de la mas gordita. Estaba lista para convertirme en trocitos y... Seguramente usarme como ingrediente para un hirviente guiso.
No sé si fue Dios que se apidió de mi o fue la mas misera suerte, pero el sonido de la tapa de la olla caerse sonó. Obviamente la comida dentro de la olla había comenzado a desbordarse debido a la temperatura superior a la necesaria para cocinar el plato. Ambas mujeres corrieron, incluso dejaron caer el cuchillo y yo me avalance a sujetarlo con mis manos. Me protegí y pude escuchar entonces como ambas se gritaban entre ellas y por primera vez entender algo nitdidamente en sus dialogos. Una se llamaba Jilito y la otra Pomme.
Estuve minutos pegado a una pared, con mis manos apretando tan fuerte el mango del cuchillo que comenzaron a doler. Ninguna de las dos vino, seguían en la cocina porque podía oírles mover cosas. Hubo un momento donde pensé que vendrían, escuche sus pasos muy cerca. Contuve el aliento y cuando pensé en que tendría que acabar con la vida de una persona una campana sonó segundos después de que los pasos pararan. Estaba en el lado contrario de la pared. Espere minutos de nuevo en mi lugar, la persona que había tocado la campana había vuelto a sus labores. Hubo un momento donde se escucho un carro moverse y cuberteria sacarse, supe de inmediato que estaba pasando. Era la hora de la comida. Podría volver con el único que parecia normal en este lugar que era Narciso. Algo en mi se tranquilizo y con una valentia desconocida salí de mi escondito y asome la cabeza. La gordita y la delgada estaban saliendo del sitio con lo que parecía ser comida para ochos. Les seguí, estoy seguro de que sabían que yo iba detras de ellas, aprovechando la mala y escasa iluminación de la construcción.
Salieron de la casa y aunque fue un sendero tormentoso para mi, puesto todo lo que había ocurrido, les imite y termine por salir de la casa. De nuevo estaba en el jardín frontal y grande fue mi sorpresa cuando toda la verde y gigantesca hierba estaba consumiendose en circulos de fuego que se entrecruzaban como foguera provocada ya casi muerta. Había una mesa y en ella estaban cinco personas, había caras conocida. Estaba Narciso, lo cúal me calmaba, pero también estaba el insano del baño.
Fue por la intensa mirada del primero nombrado que siquiera me atreví a seguir dando pasos y unirme junto a las dos monja a la mesa. Me quedé sentado entre dos completos desconocidos, estos dos también vestidos con sus trajes religiosos correspondientes. Una era monja de muy bellos atributos, y otro era monje de seria y recta cara, con la nariz ligeramente torcida.
En la mesa se presentaron dos platos, en uno de ellos había hostias consagradas (lo cúal me parecio de muy poco respeto por parte de personas creyentes como las que me rodeaban) y en el otro aquel guiso que Dios sabe que jamás metería la cuchara en él. Rezaron brevemente y comenzaron a comer, todos tenían un ritmo y un estilo diferente. La mujer gordita parecía desesperada por el alimento y se tomó casi tres platos llenos hasta arriba. Narciso parecio lleno con solo la mitad del plato, dejando el sobrante en el mismo. El hombre del baño, que ahora si llevaba un hábito puesto comió el plato entero, limpiando con la lengua los restos. La mujer delgada casi no probó bocado, solo tomando el líquido con una cuchara que no parecía relucir por su limpieza. Las otras tres personas que no conocía comían con calma, uno de ellos casi parecía llorar por cada bocado que tomaba.
En el momento en el que todo terminaron de comer, habrían pasado unos treinta minutos desde que habían comenzado, comenzaron a hablar en un idioma que no pude entender. Todos hablaban al mismo tiempo, tan confuso por la lengua y la rapidez con la que pronunciaban cada sonido que no me fije que la única persona que no hablaba era la monja a mi lado. Ella estaba asborta mirando al punto medio de mis pantalones de una forma que parecia una niña pequeña en el descubrimiento de aquello que se encuentra entre sus piernas. Unas manos aparecieron de los sobrantes de sus mangas y delicadas y femeninas rodearon mi pierna, tan provocativamente que me cuestioné que tipo de monja practicaba castidad de ese modo. Antes siquiera de que pudiera quejarme sus uñas, que hasta ese momento no había notado y eran sumamente largas, se clavaron en mi pierna y mis venas comenzarona chorrear con fuerza mientras mi mente parecia ser teletransportada a otro universo.
La mente se me volvió roja, mientras pequeñas flores de narcisos, corazones amputados y heces caían como si fueran pétalos de cerezo en la primavera japonesa. Mis oidos pitaron y luego el dulce sonido de una nana en el mismo idioma en el que las personas de la mesa hablaban comenzó a rondarme como mosca que vuela sobre carne muerta. Me sentí aturdido y volando, mientras que un calor abismal me rodeaba. Estaba tan confundido como cuando me perdí entre la hierba, tan asqueado como cuando ese hombre se comió mis heces y tan aterrado como cuando aquellas monjas quisieron descuartizarme vivo. Pero sobretodo, me estaba desangrandome y eso fue lo que me llevó de nuevo a la realidad.
Mis ojos volvieron a enfocar cuando un dolor mayor apareció. Cuando el espectaculo rojizo desapareció la imagen de una ensangrentada pierna se vió. La parte de mi pierna, de rodilla para abajo había sido amputada y eso es lo que le había devuelto a la realidad. Quise gritar de dolor pero, tal era ese dolor, que no pude. Me llevé mis manos a la boca pero inevitablemente vomité esta vez. Pasaron minutos mientras el dolor parecia adherirse y hacerse sencillo de sobrellevar, durante todo este tiempo mi sangre brotaba maligna de la zona cortada. Cuando al fin el dolor fue aguantable debido a la insistencia del mismo por quedarse y no desvanecerse pudo observar una grotesca imagen frente a mi.
El monje de cara seria deboraba mi pierna sobre la mesa, a cuatro patas y como un puro animal con rabia. Estaba colerico mientras la monja que le había clavado sus uñas trataba de arrancarle la parte arrancada. La monja gordita disfrutaba lamiendo los dedos de mi pie como si fuese un plato delicatesse y la delgada parecia muy intereseada en la pelea del monje serio y la monja de uñas largas. Narciso reía mientras usaba la sangre derramada por toda la extensa mesa como vino, algo en mi corazón se rompió mientras veía eso.
El resto pareció importarme poco al saber que no era libre, que nadie me apoyaría tras saber que Narciso no estaba interesado en ayudarme, sino al contrario que disfrutaba del morbido espectaculo que habían formado gracias a mi costa. Quise llorar y lo hice, sin saber que el monje frente a mi, ese que pareciera llorar por cada mordisco que dió mientras comían, respondió violentamente ante mi acción. Se volvió loco y saltó de su sitio, agarrando las hostias sagradas y cortando su piel tan rapido y tantas veces que solo pude perderme cuando un mar de sangre caía por sus antebrazos. Todo estaba rojo mientras el se cortaba con aquel pan seco, mientra el monje de cara seria devoraba una de mis extremidades inferiores, mientras la monja de uñas largas trataba de arrebatarsela y mientras el dúo de monjas sádicas disfrutaba de los despieces que los dos que peleaban dejaban. Sobretodo, todo se volvió rojo cuando Narciso lanzó su copa de vino llena de mi propia sangre en mi dirección y la oscuridad me abarcó, estallando en negro con tanta intensidad como la copa que me reventó en la frente, dejandome insconsciente.
No quiero preocuparte madre, pero desde ese incidente he estado encerrado por esas personas. Me desperté en la habitación en la que actualmente te escribo y hace unos minutos la mano de Narciso dejó estas hojas y esta pluma con tinta. Me mandó que escribiera todo lo ocurrido y luego dejará la carta al lado de la puerta. Dicen que te van a enviar esto, dudo de la veracidad de sus palabras pero, madre, estoy tan desesperado que ni la fé ni rezar sin parar todo el día pueden darme esperanzas de vida. Han curado mal la amputación y poco a poco se está volviendo verde algunas zonas. Me estoy muriendo y yo solo quiero decirte que te aprecio y que porfavor, jamas te acerques a está casa del infierno.
Con cariño, tu hijo Esaú."
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2020.02.28 03:16 NuruAmber ¿El niño que se aparece en mi antiguo colegio ? (México M)

- Antes de que comiencen a leer, advierto que es una historia algo larga, si se les hace tediosa puedo subir un resumen solo contando mi anécdota sin tanto detalle, gracias por leer algo que quiero compartir -

Cuando cursaba el 5to año de primaria, mis padres me cambiaron de escuela a un colegio más cercano a la casa donde vivíamos, la estructura de este colegio era literalmente dos casas unidas, por lo que por dentro prácticamente era un laberinto de pasillos para llegar a cualquier salón de clase.
Recuerdo que por fuera solo se veían dos puertas, la entrada principal que daba directamente a la dirección y un portón negro el cual era para la entrada de los estudiantes y maestros. Al entrar por este portón directamente se podía ver el patio de juegos, dos puertas de salones, los baños y unas escaleras que daban al segundo piso.
Las dos puertas de la planta baja eran salones con diferentes funciones, por ejemplo el primer salón (primer puerta) era para preescolar, pero al entras por la segunda puerta se podía ver una pared que dividía en dos el paso, de lado izquierdo era otro salón de preescolar, este mismo por las tardes tenía la función de ser un salón de guardería y si ibas por el lado derecho de la división era un pasillo algo estrecho y largo, el cual terminaba en una puerta que era un baño, quedando frente a esta puerta del baño si volteabas a la derecha había un camino que te llevaba directo a la dirección y si volteabas a la izquierda veías otro pasillo incluso más largo que parecía no tener fin. ese pasillo a la vez tenía varias puertas de más salones hasta llegar al final de la estructura, la segunda planta era menos revuelta ya que solo existía un camino que podías tomar para recorrer todos los salones que ahí se encontraban.
Por lo mismo que mi colegio antes eran dos casa unidas, existían escondidas en los pasillos dos escaleras que daban al segundo piso, una de cada casa, las cuales al ser inutilizables por que las escaleras principales eran las que estaban en el patio de juegos, fueron clausuradas cerrándolas con unos pequeños barandales negros y llenando los escalones con pupitres que no cupieron en algunos salones o que simplemente tenían desperfectos, los maestros nos decían a los niños más grandes (los de primaría) que se cerraron esas escaleras para evitar que los niños de preescolar intentaran subir y así evitar accidentes.
Tenia que contar sobre la estructura de mi colegio para dar pie a la historia que les quiero contar.
Yo viví siempre en guarderías por que mis padres trabajaban hasta tarde y es horrible tener 11 años y tener que quedarte en guardería con niños de menor edad, lo peor es que yo era la penúltima niña en irse de la escuela y a veces era la ultima, salía de clases a las 12:00pm y mis padres pasaban por mi a las 5:00 o 6:00pm.
La maestra encargada de cuidarnos siempre nos contaba cuentos de terror, muchos de ellos eran experiencias que ella misma tenía, una tarde por alguna razón solo estábamos uno de los niños de preescolar y yo a cuidado de la maestra, yo le pedí permiso para ir a mi salón por un libro que había olvidado en mi pupitre y la maestra me dijo que fuera con cuidado y que me fuera por el lado del patio de juegos para evitar el largo pasillo oscuro, yo me negué, pues para mi era más rápido y emocionante ir por el pasillo, a lo que mi maestra me dijo que entonces me fuera corriendo, yo simplemente le dije que no tardaba y me tomé mi tiempo para llegar al salón, la verdad es que llevaba tiempo que aprovechaba para escaparme de la guardería y recorrer todo el colegio, para mi era raro ver los salones solos, era divertido sentarme en las cómodas sillas de los maestros y ver como veían ellos a sus alumnos, también me gustaba dibujar en los pintarrones, sin embargo nunca duraba mucho pues así como es divertido también es extraño el silencio que invadía las instalaciones a esa hora de la tarde.
Cuando iba de regreso al salón de guardería, pasé por una de las escaleras clausuradas y por un momento me quedé parada frente a ellas, en realidad no sabría explicar la razón por la que me quede inmóvil, pues recuerdo que solo fue una acción que hice sin pensar, aunque algo en ese oscuro lugar lleno de pupitres apilados de diferentes formas llamaba mi atención, hasta daba la sensación de escuchar gotas de agua cayendo desde el techo hasta el suelo por la humedad que esa zona emitía. Después de un momento seguí mi camino hasta llegar al salón con mi maestra, quién me regañó tan pronto como entré en el salón, pues según ella me había tardado más que las ultimas veces que me había escapado en mis pequeñas aventuras, lo extraño fue que no se veía molesta con migo si no que su rostro reflejaba preocupación o temor, en ese momento la comprendí pues estar a cargo de unos niños fuera del horario escolar debe ser muy agotador, más si se está en una escuela completamente sola y hasta tarde.
Pasaron los días y todo era normal, las clases transcurrían dentro de sus horarios, las puertas del plantel se cerraban a la 1:30 dejando dentro solo a los pocos niños de guardería, a la maestra y a la señora que hacía el aseo... Una tarde mi maestra tuvo que irse temprano, pues le salió un asunto supongo que familiar o de emergencia, así que dejaron a la señora del aseo a nuestro cuidado, la tarde pasó lentamente, pues sin los cuentos de la maestra todo era más aburrido, la señora del aseo solo nos daba algunas vueltas al salón para ver que todos estuviéramos dentro de el y después se iba a seguir haciendo su trabajo en la segunda planta, cada que llegaba un padre de familia por algún niño, podíamos escuchar los pasos apresurados de la señora del aseo correr por el techo hasta bajar las escaleras del patio y llegar a la puerta para preguntar el nombre del niño que debía entregar, era gracioso verla correr y gritar la típica frase que gritamos en México para evitar que nuestro invitado se vaya, "ahí voy" , incluso llegamos a hacer bromas imitando el grito cuando escuchábamos que golpeaban el portón negro del patio así de aburridos estábamos.
Las horas pasaron y como siempre me quedé sola en el salón, era tarde de invierno por lo que a las 5:00 ya comenzaba a desvanecer la poca luz que se podía ver ese nublado día, me quedé sentada en una se las mesas que se usaban para hacer la tarea de la escuela, viendo el salón vacío hasta que el ruido rechinante de la puerta del salón me sacó de trance, era la señora de la limpieza la cual me dijo que para que no estuviera sola me llevaría a la segunda planta, siempre y cuando me comportará mientras ella trapeaba los pisos de los últimos dos salones que faltaban, accedí pues era un poco tenebroso quedarme sola con ese ambiente tenso.
Después de un rápido recorrido por el único pasillo de la segunda planta, llegamos al ultimo salón, el cuál estaba hasta el fondo y muy escondido, me senté en uno de los pupitres mientras la señora comenzaba a pasar el trapeador por el suelo, comenzó a hablar de sus cosas, como su trabajo, hijos, familia...cosas que no me llamaban para nada la atención cuando de repente un chillido la hizo callar, parecía que no estábamos solas, pues en el salón de a lado se escuchó como un pupitre fue arrastrado haciendo mucho alboroto, ambas nos quedamos viento unos instantes, después de unos segundos la señora soltó una ligera risa burlona y me dijo "no tengas miedo, a veces hace ese tipo de travesuras" , siguió trabajando y yo traté de simular que no había entendido lo que había dicho, pues ella sabía que me encantaban las historias de terror y yo quería parecer lo más valiente posible, sin embargo no sé si para asustarme o simplemente para molestarme, la señora dejó el trapeador y salió del salón diciéndome que no me moviera que iba a ir por más agua limpia, la verdad yo por dentro estaba muriéndome de miedo, el salón no tenía ventanas grandes solo una hilera de ventanas que casi tocaban el techo por lo que la habitación estaba casi a oscuras, sentía que cada minuto era eterno, me distraje yendo al pintarrón para dibujar un poco pero sentía que estaba siendo observada, el problema no era salir del salón para ir a donde estaba la luz de la calle, el problema era que para salir de este tenía que recorrer un pequeño pasillo oscuro y doblando la esquina recorrer el pasillo largo hasta la salida a las escaleras, lo peor es que en medio de este pasillo había una ventana que pertenecía a otro salón, pero esta ventana no era cuadrada si no rectangular deforma vertical, osea que si te asomabas solo veías una fila de pupitres acomodados viendo hacia ti, si ponías mucho empeño y pegabas tu cara a la ventana podías ver las demás filas, esta ventana es importante en la historia, les diré la razón...
Me armé de valor y salí corriendo, doble la esquina del pequeño pasillo para tomar vuelo y correr por el pasillo largo, corrí tan rápido como el suelo mojado me dejo y al pasar por esa ventana en especifico sentí un escalofrío, de esos momentos que ves de "reojo" y se te figura haber visto algo... pues eso me pasó sentí que había un niño asomado, lo vi de reojo pero no quise voltear por completo, pues ese salón es el que justo estaba a lado del que había abandonado, así es, es donde se escuchó el pupitre arrastrándose por el suelo. cuando llegué a la puerta de salida, fui reduciendo mi velocidad para salir como si nada (aparentando obviamente) y bajar las escaleras hasta llegar a donde la señora del aseo seguía llenando su tina de agua, ella sorprendida y un poco molesta me llamó la atención pues me dijo que no me moviera por que el suelo seguía mojado y no quería que se ensuciara con las huellas de mis tenis, yo simplemente le dije que me dieron ganas de ir al baño pero en ese momento se escucho que tocaron el portón, eran mis padres que por fin habían llegado por mi, estaba tan aliviada, así que corrí al salón de guardería, tomé mi mochila y salí corriendo para ir a los brazos de mi madre y subirnos al auto, toda la noche estuve pensando en esa figura que vi por la ventana vertical, quizás mi imaginación me jugaba bromas de nuevo.
Al día siguiente, después de clases, ya casi no recordaba lo del día anterior, pues es diferente ver la escuela llena de niños, maestros, secretarias y ruido, a ver los tristes salones vacíos donde cualquier golpe causado por algún objeto de las casa de al rededor da escalofríos. Caminé como de costumbre desde mi salón hasta el salón de guardería, mi maestra llegó como siempre después de entregar a todos los niños que salían en el horario normal y como era de rutina, nos disponíamos a comer para después hacer la tarea y finalmente yo me sentaría a escuchar los cuentos de terror de la maestra ya que ella era muy cuidadosa de ver a quien le contaba las historias que vivía o sabía.
Sin embargo algo raro y fuera de lo normal mientras terminaba mi tarea llegó la señora de la limpieza y con una mueca burlona le dijo a mi maestra "Se me hace que ya lo conoció", para después voltear y verme a mi sin quitar esa mueca como riéndose de mi. Yo no le hice caso, de hecho hice como si no hubiera visto ni escuchado nada, pero mi maestra se sorprendió y volteo a verme algo intrigante, recuerdo que se levantó de su asiento y salió del salón con la señora de la limpieza, comenzaron a platicar mientras yo guardaba mis libretas en la mochila, los niños poco a poco se fueron llendó con sus respectivos padres y no fue hasta que quedamos solo 3 niños cuando mi maestra me dijo "ven, tenemos que hablar " me sacó al patio y nos sentamos en una de las bancas de piedra que había, ella suspiró un poco para después tomar aire y decirme:
- Te voy a contar algo pero quiero que esto lo mantengas en secreto para no asustar a tus compañeros
obviamente yo no me imaginaba que clase de cosa me podría contar, bueno no en ese momento ya que al escuchar "para no asustar a tus compañeros" me hizo recordar lo que viví el día anterior, como aún era de día o bueno había sol, no me dio miedo asi que solo me dediqué a poner mucha atención a lo que mi maestra me iba a decir.
- verás desde que entré a trabajar aquí he sentido una presencia, no sabía que era pues al principio solo sentía que me observaban o que me agarraban la mano, pero no fue hasta mucho después que comencé a verlo, ¿Recuerdas las primeras escaleras clausuradas? las que están justo por aquí (la maestra señaló el pasillo que se dividía por una pared) bueno la primera vez que lo vi fue detrás del pequeño barandal negro, estaba sentado como que esperando a alguien, yo pensé que era uno de los niños de guardería así que le pregunté *¿Qué haces aquí? vente al salón* al no tener respuesta me asuste pues pensé que podía estar inconsciente y como el pasillo es oscuro solo podía ver la silueta oscura del pequeño, sin embargo al acercarme más y alumbrar un poco con mi llavero de linterna (era un pequeño llavero con una forma graciosa como un delfín o algo así) pude verlo... es un niño blanco con cabello castaño casi oscuro, pero lo que más me perturbó fueron sus labios, hinchados y de un color morado tenue, estaban tan hinchados y grandes que apocaban el hecho de que sus ojos estaban también hinchados como llenos de agua, en verdad me asusté y al estar casi sola la única que me pudo calmar en ese momento fue la señora de la limpieza quien me dijo que no había que temerle, pues solo es un alma en pena que se aparece en las casas por este lado de la colonia, después ya se me hizo normal saber que algunos ruidos son debido a él, por eso te pido que no le tengas miedo, es travieso pero nunca ha hecho el mal, a veces esta en la segunda planta y otras esta por los salones merodeando, es por eso que me asusté el otro día cuando no regresabas, lo que menos quiero es que comiencen a temerle, pues no hay razón... dime algo, ¿Lo viste? . -
Las palabras no me salían, de hecho no podía formular frase alguna al escuchar esa anécdota de mi maestra, solo me preguntaba a mi misma si era un cuento inventado para evitar que saliera del salón de guardería por las tardes o si en verdad había pasado eso, bueno también lo que un día antes me pasó no pudo haber sido planeado, solo estábamos dos personas y una de ellas estaba en la primer planta, "No sé, creo que vi algo en la ventana del salón de 3ro pero no alcancé a ver que era" le respondí tratando de no sonar asustada. La maestra solo guardó silencio mientras veía por fuera el edificio y para rematar la platica pronunció "Bueno, si ya comenzó a presentarse ante ti, lo más seguro es que lo seguirás viendo, a veces se sienta en algún pupitre vació mientras las clases se imparten, si te llega a tocar verlo, no vayas a gritar y no le insistas a tus maestros pues ellos no quieren hacer caso a eso y ¿No queremos que te cambien de colegio verdad?, solo compréndelo ha estado solo y asustado.
Al decir eso, la maestra se levantó para ir al salón de guardería y yo la seguí muy de cerca, por suerte nunca más lo volví a ver y los sustos no pasaban de un ruido fuerte que sonaba en los salones de arriba o en los pasillos aledaños, fueron unos largos meses y ya que estaba en 6to año, en menos de un año yo ya no asistía al colegio pues ahora estaba por entrar a la secundaria (donde también viví una experiencia paranormal pero ya es otra historia, más corta por suerte)
Pasaron muchos años y cuando entre a la facultad me fui llenando de historias paranormales muchas vividas y otras me las contaban, pero recuerdo que para un trabajo de audiovisual, se me ocurrió convertir esta anécdota de carne propia en un cortometraje, así que me puse a investigar sobre mi antiguo colegio y grande fue mi sorpresa al encontrar una noticia de un hecho lamentable que ocurrió a unas cuadras de este.
Resulta que a aproximadamente 3 cuadras del plantel hay un río (en la actualidad fue cubierto y se hizo un parque sobre este) donde un niño había perdido la vida ahogado, se dice que estaba jugando a las orillas del canal cuando de repente tropezó y cayó golpeándose la cabeza quedó inconsciente y se ahogó, no estoy diciendo que sea el mismo que se aparece en el colegio pero todo se relaciona, más que nada sus labios morados y sus ojos hinchados...¿Ustedes que piensan?

Bueno la historia el larga pero tenía la necesidad de contarla y compartir todas mis anécdotas y también las anécdotas que mi maestra me contaba, siento que al estar a su cuidado me contagio de el gusto por las cosas paranormales, de hecho sigo viviendo cerca de mi colegio y cuando paso por ahí me da escalofríos.

muchas gracias por leer y perdón si me extendí mucho pero quería contarlo tal cual recuerdo todas las escenas.
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2017.08.15 07:49 Subversivos .........Y mato porque me toca.

El relato del crimen que transportó a este país hacia las regiones mentales más frías de los asesinos anglosajones en serie comienza cuatro años antes del 30 de abril de 1994, noche en la que un estudiante de tercero de Químicas, de 22 años, y otro de tercero de B.U.P., de 17, eliminan a un hombre con 20 puñaladas porque lo exigía el guion del juego que ellos mismos inventaron.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS ... Y mato porque me toca Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
Cuatro años antes de aquella madrugada, en un campo de fútbol del barrio madrileño de Chamartín, Félix Martínez, un niño de oc­tavo de E.G.B., se embelesa con los gritos desde la grada de un chaval cinco años mayor, ojos azules detrás de gafas gruesas, metro noventa sobre el nivel del suelo, moreno y desgarbado en el andar. Félix se le acerca creyendo que declama nombres de personajes del juego del rol, el invento que surgió a finales de los sesenta en Estados Uni­dos y conquistó en forma de negocio las papelerías españolas en la década de los noventa. Varias fichas, un tablero, una historia inven­tada y unos roles, interpretaciones o arquetipos que se adjudica a ca­da participante. Inteligencia, fantasía y tiempo libre para probarlas. Ordena y manda la figura del rol master.
A Félix no le gustaba ningún deporte, ni siquiera le apasionaba el cine, ni las chicas –su primera relación amorosa la tendría dos años después–, ni las motos, ni la ropa, ni los estudios. Tan sólo leer, a ser posible historias paranormales, escribir poemas y jugar al rol.
Félix se iba a llevar una sorpresa. Allí tenía un posible compañe­ro de Rol gritando aparentemente nombres de personajes. ¿A qué es­peraba para conocerlo? El chico de E.G.B. aborda por fin al miope de ojos azules y le pregunta si también sabe jugar al rol. Dos trage­dias se dieron la mano.
MÁS INFORMACIÓN ... Y mato porque me toca Todo lo publicado en El País sobre el caso 2008: Javier Rosado, el asesino del rol obtiene el tercer grádo 1999: Félix Martínez se rehabilita en un piso de estudiantes La de Félix, fácil de resumir: nunca tuvo hermanos, su padre ge­nético murió drogadicto y enfermo de sida cuando el niño cumplía un año, la madre mexicana, también drogadicta, conoció a su padre adoptivo cuando el chaval cursaba segundo de E.G.B. y se separaría cuatro años más tarde. Félix conocería entonces el cariño incondi­cional del nuevo padre y el desbarajuste colegial de todos los maes­tros por los que iba pasando, ya fueran de Madrid, Ibiza o La Rio­ja, según adjudicaran su estancia al lado de la madre o del padre. «Nunca hubo paz, eso no era una familia», confesaría el chico. La madre muere también de sida dos años antes del crimen y dos años después del encuentro con Javier en el campo de fútbol.
Félix, un carácter inseguro, nunca líder ni siquiera de sí mismo, lector empedernido, conoce en aquel campo a otro lector más empe­dernido, un fulano con una seguridad en sí mismo extraordinaria, alguien con frases del tipo «las mejores drogas están en la cabeza de uno», solitario, bien educado, taciturno y didáctico: Javier Rosado Calvo, vecino de Félix en una calle de Chamartín donde los pisos de cien metros cuadrados cuestan hasta 30 millones de pesetas de los años noventa. El del padre adoptivo de Félix, empleado en una empresa de máquinas tra­gaperras, era tan sólo alquilado.
Javier gritaba en las gradas varios nombres pero, para sorpresa del chiquillo, aquel tipo encorvado no sabía jugar al Rol. El chasco duró sólo un segundo, porque las palabras del otro llevaban un significado aún más atractivo y profundo que el del simple juego: eran nombres, pasajes, del gran novelista de literatura fantástica H. P. Lovecraft, el genio de principios de siglo cuyos relatos de tumbas, castillos temblorosos, sueños, monstruos y nieblas llegan cargados de frases tipo: «Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles senti­dos físicos [...]». H. P. Lovecraft, la pasión confesa de Javier.
«Desde que conocí a Javier y me metió en su mundo», reconoció Félix en sus exploraciones psiquiátricas y psicológicas a raíz del cri­men, «todo cambió para mí, encontré otro tipo de pensamientos le­jos de los vulgares de cada día, cambió mi interior, me entregué a es­te tipo de filosofía que era apasionante, aún me sigue pareciendo apasionante, Javier se convirtió para mí en un ser extraordinario muy superior al hermano mayor que nunca tuve, me dejé arrastrar por él [...]. Al cabo de un tiempo llegué a hablar como él y a hacer gestos como él. Él hablaba mucho mejor que yo, mis ideas me las re­batía con facilidad [...]. Todo el mundo era estúpido para él, pero yo creo que yo para él no era estúpido».
Y Javier, la otra cara de la tragedia, encontró en Félix el público de banderita y trompeta que necesitaba su egolatría, el hermano pe­queño que tampoco tuvo, porque su único hermano, un año mayor, más fuerte, vencedor en las disputas físicas, apenas se trataba con Javier. Félix sería el discípulo predilecto de una filosofía alimentada con cuatro obras de Friedrich Nietzsche, Edgar Allan Poe o Stephen King mal mezcladas y otras tantas decenas seudoliterarias, peor di­geridas.
Durante una convalecencia por lesión en una pierna, Félix le lle­va un juego del rol y Javier aprende a jugar. Al poco tiempo el en­fermo crea Razas, un juego basado en el rol. La humanidad se di­vide en 39 razas o arquetipos que él ha inventariado basándose en personajes y nombres novelescos prestados por Lovecraft. Las razas, diría Javier, son ideas humanas llevadas al extremo. La raza 37 corresponde a los psicólogos, la 25 a las mujeres, la 22 al hombre, la 1 al bien y la 7 al mal. Cuando los psiquiatras le preguntan si jugaba al Rol, hay veces en que Javier llega a enojarse y dice que su juego era mucho más importante que el rol; era Su Obra, una «filosofía total» a la que había dedicado más de mil páginas y de la que espe­raba escribir un libro.
Hasta la noche del crimen, Javier pasa por un tipo normal, sin traumas perceptibles ni siquiera por su familia. Su padre, ingeniero industrial, solía jugar al ajedrez con él, su madre, enfermera, le sa­naba las heridas, y su hermano, compañero repetidor en tercero de Químicas, aseguraba que a Javier le bastaba con asistir a clase para aprobar.
Javier no era un joven de inteligencia superdotada, en eso coinci­den profesores y psiquiatras, pero disponía de la justa para creerse con mucha, para ganar un concurso de ajedrez en la cárcel y no disimular el orgullo o para impresionar a cuatro chavales del barrio menores que él. En los dos primeros cursos de Químicas consiguió seis aprobados, dos notables y un sobresaliente. Un expediente bueno, sin más.
Personalidad, conocimientos y edad suficiente, en cualquier caso, para erigirse en Master, líder de la banda del rol, que entre bromas y veras planeó matar la madrugada del 30 de abril a la primera víctima de lo que iba a ser una serie de crímenes. Los otros dos chava­les, Javier Hugo E. S. y Jacobo P., de 17 y 18 años respectivamente, fueron encausados por conspiración para el asesinato. A Jacobo le preguntó la policía por las normas de Razas y contestó que no había normas concretas como en el fútbol: «Se trata de sobrevivir en un mundo imaginario». Unas veces había que impedir la llegada a puerto de un barco, otras, era preciso destruir una ciudad y en al­gunas ocasiones se trataba de asesinar a alguna mujer que traicionó a su raza. Todo sobre la mesa.
Jacobo declaró que cuando Javier y Félix le llevaron al descampado donde habían eliminado a un hombre y se lo confesaron, él lo tomó como una fantasmada. Javier y Félix se vanagloriaban de aquello y lo equipararon al crimen de las setenta puñaladas, perpe­trado cerca de su barrio.
Empieza el juego
Un mes antes de la noche del 30 de abril, El País publicaba el hallazgo del cadáver de un hombre con unas setenta puñaladas y los ojos sacados. La noticia no causó otro efecto en los presuntos asesi­nos que el de animarles. A partir de ahora el tablero iba a adquirir la forma de toda la ciudad, con sus cuestas, sus descampados tene­brosos, sus personajes hundiéndose en la noche; las fichas serían pu­ñales y para moverlas vendría mejor usar guantes de látex que Ja­vier tomaría de sus clases de prácticas en la facultad; las reglas, sin límite.
Félix contó a los psiquiatras: "Yo creo que todo empezó a pla­nearlo [Javier] con decisión a raíz de un libro concreto de Lovecraft: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, y en especial el capí­tulo "A través de la llave de plata", pasaje en el que un hombre se cansó del mundo y empezó a dedicarse a sus sueños hasta que al fi­nal estos sueños invadieron su propia realidad».
Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. La realidad invadida puede ser la de un hombre casado como Carlos Moreno, con tres hijos y amigo de una viuda también con tres hijos, con la que había pasado la noche. Carlos visitaba desde hacía cinco años la casa de su amiga Modesta L., de 51 años, desde las diez hasta la una de la madrugada. Nunca pensó en separarse, ni Mo­desta se lo pidió, ni su mujer ni sus hijos, conscientes de la relación, lo obligaron. Los viernes Carlos salía más tarde de aquella casa y aquel viernes de abril salió a las tres. Si cobraba su nómina de 60.000 pesetas, montaba en taxi hasta la otra punta de la ciudad. Y si no, el búho, que es como se conoce en Madrid a la línea de autobuses nocturnos. La noche del crimen Carlos llevaba las 60.000 pe­setas en el bolsillo, pero optó por el autobús. Y en la parada encon­tró a los admiradores de Lovecraft dispuestos a soñar sus pesadillas.
El crimen perfecto exigía, según Henry, el psicópata de la pelícu­la Retrato de un asesino, un desconocimiento total de la víctima, ningún móvil, nada. Ya lo habían avanzado la novelista Patricia Highsmith y el director Alfred Hitchcock en Extraños en un tren: si un desconocido mata a mi esposa y yo a su madre, nadie ha de sos­pechar nada; en principio.
Así que ahí llegan los dos, Javier y Félix, en busca de una vícti­ma a la que nunca han visto. El escenario no podía ser más propi­cio. Un descampado de risco y pastizal, una casa desvencijada en medio de un llano, de esas que parecen existir sólo en días de vien­to, una luna de miedo y una parada de autobús, como un oasis sin nadie.
Para acercarse a los hechos valga el diario de Javier Rosado, un texto sin precedentes en la historia criminal de España:
«Salimos a la 1.30. Habíamos estado afilando cuchillos, preparán­donos los guantes y cambiándonos. Elegimos el lugar con precisión.»
«Yo memoricé el nombre de varias calles por si teníamos que sa­lir corriendo y en la huida teníamos que separarnos. Quedamos en que yo me abalanzaría por detrás mientras él [por Félix] le debilita­ba con el cuchillo de grandes dimensiones. Se suponía que yo era quien debía cortarle el cuello. Yo sería quien matara a la primera víctima. Era preferible atrapar a una mujer, joven y bonita (aunque esto último no era imprescindible pero sí saludable), a un viejo o a un niño. Llegamos al parque en que se debía cometer el crimen, no había absolutamente nadie. Sólo pasaron tres chicos, me pareció de­masiado peligroso empezar por ellos [...]. En la parada de autobús vimos a un hombre sentado. Era una víctima casi perfecta. Tenía ca­ra de idiota, apariencia feliz y unas orejas tapadas por un walkman.»
«Pero era un tío. Nos sentamos junto a él. Aquí la historia se tornó ca­si irreal. El tío comenzó a hablar con nosotros alegremente. Nos con­tó su vida. Nosotros le respondimos con paridas de andar por casa. Mi compañero me miró interrogativamente, pero yo me negué a ma­tarle.»
Félix no supo explicar después por qué Javier le perdonó la vida. Y el otro nunca lo contó.
«Llegó un búho y el tío se fue en él [...].»
«Una viejecita que salió a sacar la basura se nos escapó por un minuto, y dos parejitas de novios (¡maldita manía de acompañar a las mujeres a sus casas!).»
«Serían las cuatro y cuarto, a esa hora se abría la veda de los hombres [...]. Vi a un tío andar hacia la parada de autobuses. Era gordito y mayor, con cara de tonto. Se sentó en la parada.»
« [...] La víctima llevaba zapatos cutres y unos calcetines ridícu­los. Era gordito, rechoncho, con una cara de alucinado que apetecía golpeada, y una papeleta imaginaria que decía: "Quiero morir". Si hubiese sido a la 1.30 no le habría pasado nada, pero ¡así es la vida!»
«Nos plantamos ante él, sacamos los cuchillos. Él se asustó mirando el impresionante cuchillo de mi compañero. Mi compañero le mira­ba y de vez en cuando le sonreía (je, je, je).»
Félix alegó dos meses después ante la policía que se encontraba algo bebido y que le daba miedo desobedecer a su amigo.
«Le dijimos que le íbamos a registrar. ¿Le importa poner las ma­nos en la espalda?, le dije yo. Él dudó, pero mi compañero le cogió las manos y se las puso atrás. Yo comencé a enfadarme porque no le podía ver bien el cuello.»
«Me agaché para cachearle en una pésima actuación de chorizo vulgar. Entonces le dije que levantara la cabeza, lo hizo y le clavé el cuchillo en el cuello. Emitió un sonido estrangulado. Nos llamó hi­jos de puta. Yo vi que sólo le había abierto una brecha. Mi compañero ya había empezado a debilitarle el abdomen a puñaladas, pero ninguna era realmente importante. Yo tampoco acertaba a darle una buena puñalada en el cuello. Empezó a decir "no, no" una y otra vez. Me apartó de un empujón y empezó a correr. Yo corrí tras él y pude agarrarle. Le cogí por detrás e intenté seguir degollándole. Oí el desgarro de uno de mis guantes. Seguimos forcejeando y rodamos. "Tíralo al terraplén, hacia el parque, detrás de la parada de auto­bús. Allí podríamos matarle a gusto", dijo mi compañero. Al oír es­to, la presa se debatió con mucha más fuerza. Yo caí por el terraplén, quedé medio atontado por el golpe, pero mi compañero ya había ba­jado al terraplén y le seguía dando puñaladas. Le cogí por detrás pa­ra inmovilizarle y así mi compañero podía darle más puñaladas. Así lo hice. La presa redobló sus esfuerzos. Chilló un poquito más: "Jo­putas, no, no, no me matéis".»
«Ya comenzaba a molestarme el hecho de que ni moría ni se de­bilitaba, lo que me cabreaba bastante [...]. Mi compañero ya se ha­bía cansado de apuñalarle al azar [...].»
«Se me ocurrió una idea espantosa que jamás volveré a hacer y que saqué de la película Hellraiser. Cuando los cenobitas de la pelí­cula deseaban que alguien no gritara le metían los dedos en la boca. Gloriosa idea para ellos, pero qué pena, porque me mordió el pulgar. Cuando me mordió (tengo la cicatriz) le metí el dedo en el ojo [...].»
«Seguía vivo, sangraba por todos los sitios. Aquello no me impor­tó lo más mínimo. Es espantoso lo que tarda en morir un idiota [...].»
Carlos Moreno Fernández fue un idiota que trabajó desde los ocho años como aprendiz de relojero, un obrero que con el oficio más que aprendido se quedó en paro desde hacía nueve años y padeció de nervios hasta que su esposa lo colocó en la empresa de limpieza El Impecable Ibérico, probablemente un nombre estúpido también; Carlos Moreno Fernández fue un idiota que no consintió jamás la entrada de un fontanero, un albañil o un electricista en casa porque él solo se bastaba para arreglarlo todo, un hombre idiota que a fuer­za de trabajo había conseguido dinero para educar a sus tres hijos, que sabía cocinar y le encantaba cuidar flores, un hombre que huía de los televisivos «Quién sabe dónde», «Su media naranja» y «Códi­go Uno», porque le parecían «programas para marujas». Un hom­bre. Con sus aspiraciones a corto y largo plazo, sus pequeños y gran­des recuerdos, reducidos a un charco y un bulto entre las piedras.
«Vi una porquería blanquecina saliendo del abdomen y me dije: “Cómo me paso” [...].»
«A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano [...]»
«No salió información en los noticiarios, pero sí en la prensa, El País, concretamente. Decía que le habían dado seis puñaladas entre el cuello y el estómago (je, je, je). Decía también que era el segundo cadáver que se encontraba en la zona y que [el otro] tenía 70 puña­ladas (¡qué bestia es la gente!) [...]»
«¡Pobre hombre!, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que buscábamos adolescentes y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo que hay un 30% de posibilida­des de que la policía me atrape. Si no es así, la próxima vez le toca­rá a una chica y lo haremos mucho mejor.»
Como no había nada que lamentar, sino todo lo contrario, la ha­zaña corrió de boca en boca entre la banda del rol. Así hasta que se enteró un amigo de ellos que se lo contó en confesión a un cura, des­pués al padre, y el padre lo puso en conocimiento de la policía.
Batallones de periodistas y psiquiatras comenzaron sus investiga­ciones. Nunca hasta este entonces se había dado en España un caso semejante.
Pascual Duarte, el genuino personaje de Camilo José Cela, co­menzó sus fecharías porque pensó que la perra le miraba mal. De un tiro la mató.
El ejecutivo rico, vacío y psicópata que protagoniza la novela del estadounidense Bret Easton Ellis narra con algunos años de antela­ción a Javier y con parecida frialdad su asesinato del mendigo: «Luego le corto el globo ocular... y él empieza a gritar cuando le cor­to la nariz en dos, lo que hace que la sangre me salpique un poco». El ejecutivo producto de la ficción contaba con el móvil filosófico de que los perdedores no cuentan en esta vida. El existencialista de El extranjero que inmortalizó Albert Camus en 1942 mató porque le atormentaba el calor, el resplandor insoportable del mar. A Javier y a Félix sólo les movió el juego.
Siete meses después del crimen, Félix Martínez, el compañero del autor del diario, declaró al psiquiatra José Cabreira, del Instituto Na­cional de Toxicología: «Después de leer todos los artículos de prensa que han hablado de nosotros, todo me parece basura periodística exagerada para distraer a la opinión pública de otras cosas más im­portantes. En particular se ha exagerado con el diario de Javier, en el que yo sé que lo que escribió estaba muy exagerado y fantaseado, es­cribió lo que él cree que pasó y en él es donde me inculpa. Además lo escribió muy deprisa, en dos o tres días, enseñándoselo luego a ami­gos comunes».
Javier también culpa a la prensa de su situación. Ninguno de los dos amigos ha hablado con rencor del otro. «Le llegué a idealizar», confesó Félix, «ése fue mi error y otro error, dejarme llevar demasiado». Para después añadir sin reparos: «Me dejé engañar, era cons­ciente de que me dejaba llevar, pero siempre aprendía algo».
Un monstruo
Félix sigue teniendo la impresión de que su amigo era un su­perdotado: «Javier es casi un inútil, alérgico, miope, con diarreas... Tiene de todo, incluso un estómago que es un caso único... Sin embargo en la parte mental es un monstruo... ».
Con un monstruo así era imposible que la policía los descubriese.
La banda confiaba en el Master, aunque no sabían que habían deja­do intactas las 60.000 pesetas en la chaqueta del idiota, con lo cual, la policía empezó a descartar el móvil del robo.
Nada más asesinarlo, Javier dedicó una ficha a Carlos con el nombre de Benito, el mismo que un profesor de Químicas. Lo dibu­jó con su bigote, con la bolsa donde guardaba su mono de trabajo, y puntuó sus cualidades: Fuerza 8, Poder 6, Carisma 4, Inteligencia 6, Tamaño 15, Voluntad 16.
Había que proseguir rellenando fichas, más cadáveres sobre la tumba del tablero, homicidios en serie, con la perseverancia de Jack el Destripador o sus secuaces anglosajones. Cuando fueron detenidos se disponían a salir de nuevo de cacería con los guantes de látex. Pe­ro a sus espaldas olvidaron una cosecha de pruebas. Restos de guan­tes en la cara del idiota, el reloj de Félix perdido en la pelea, el diario, el famoso diario en casa. Cuando la policía detuvo a Javier aún lleva­ba el dedo vendado que aseguró en el diario haberse herido al meter­lo en la boca del idiota. Se encaminaba a la casa de Félix, a veinte me­tros de la suya, con un paquete de guantes en la mano. Félix se derrotó enseguida, lo que en lenguaje policial significa ni más ni me­nos que reconoció todo. Entre sollozos declaró que el plan consistía en matar esa noche tórrida del 5 de junio a una chica y para eso los guantes. Pero Javier no se arredró ni por los agentes de la brigada de la Policía Judicial de Madrid, ni por las pruebas que le colocaban de­lante de su considerable nariz, ni por la lectura en vivo del diario.
–¡Dios mío, no puedo creer que yo haya hecho eso! Tengo la du­da de que sea verdad o ficticio.
–Si a las cuatro de la mañana –le preguntaba el policía– no esta­bas dando 20 puñaladas a un hombre, ¿qué hacías?
–Creo que estaba jugando al ordenador, no recuerdo bien. Después de los agentes llegó el batallón de psiquiatras a la cárcel.
Cada uno con sus entrevistas, con parecidas preguntas y distintas conclusiones. Si estaban locos, ningún crimen podría imputárseles; y si no, la condena sería por homicidio. Psicóticos o psicópatas, ése era el dilema.
Los psicóticos no son responsables de sus actos, los psicópatas, sí.
Los primeros se libran de cualquier condena, los segundos no. En el psicótico no existe conciencia del yo, en el otro, sí.
Los padres de Javier Rosado contrataron los servicios del profe­sor de Psiquiatría Forense de la Universidad Complutense de Ma­drid José Antonio García Andrade. El doctor se quedó extrañado de que su cliente declarase un cariño enorme por su padre, al tiempo que desconocía su edad y profesión. De la madre decía que trabaja­ba de ATS porque de vez en cuando le sanaba alguna herida.
Le confesó a García Andrade que de entre las razas, la que más le ha influido, la que más se asemeja a su persona es Cal, a quien de­finió como «un niño frágil, a veces una mujer rubia, que emana tal sufrimiento que es difícil acercarse a ella, aunque es peor cuando sonríe o tiene la cara machacada». Y aseguró: «Sin Cal yo no sería lo que soy. Con él aprendí a aprender. Lo conocí en 1988; Cal es do­lor; el bendito sufrimiento; ama los cuchillos, los objetos punzantes o cualquier cosa que pueda producir dolor, aunque lo que más le fas­cina es el dolor del alma».
De Cal aprendió Javier su simple teoría sobre la vida: «Aprender a usar el dolor es disfrutado como el placer. El dolor de los puntos de sutura que me dieron en la rodilla cuando tuve un accidente es mayor que el orgasmo con una mujer. El dolor es mejor que el pla­cer y más barato. La gente confunde al cenobita con el masoquista, pero no son lo mismo; éste disfruta siendo humillado y al someter­se, pero el cenobita disfruta al sufrir, porque con el dolor saca conocimiento. Cal dice que cometió el crimen del que se me acusa. Lo ha­ce para dañarme, para enseñarme, para causarme pena, desespera­ción, pero Cal no mata, sólo tortura».
¿Loco o actor? El 8 de octubre de 1994 le reveló a García Andra­de que el primer golpe a la víctima fue con un cuchillo pequeño de conchas naranjas. Le dio en el mentón y en la cara anterior del cue­llo y señaló el movimiento de su víctima bajando la cabeza hacia el tórax. García Andrade le hizo ver que este dato no venía en los pe­riódicos. Javier sintió miedo por primera vez, al menos, eso es lo que el forense contratado por su familia reseñó. «Estoy al borde de la lo­cura, necesito ayuda», cuenta el psiquiatra que dijo Javier, «es ver­dad, esto no venía en la prensa. Hay veces en que yo no miro, no veo, no siento, no huelo, no me fijo, no es una mente, es una máquina, tienes que hacer una cosa y la haces. Eso ocurrió».
En ese momento de la entrevista solicitó que se le sometiese al Suero de la Verdad, y se sumergió, según Andrade, en una gran an­gustia.
¿Loco o actor? Para el psiquiatra contratado por su familia, Ja­vier está loco, por tanto no se le podría imputar delito alguno. García Andrade sostiene que este chico de «inteligencia de tipo medio, con buena capacidad de abstracción y de síntesis» padece una «es­quizofrenia paranoide, además de personalidad múltiple psicótica y amnesia disociativa». Psicótico pues, sin lugar a la condena, además de esquizofrénico y con problemas de memoria.
Para el doctor, el juego no fue la causa de sus enfermedades, si­no precisamente la máscara. Dos años después del crimen, Javier se­guía jugando a Razas en la cárcel.
Pero el dictamen de García Andrade no era más, ni menos, que un estudio de parte, es decir, algo que había que contrastar necesa­riamente con otros estudios.
La titular del juzgado de instrucción número cinco de Madrid encargó otro informe a las psicólogas adscritas a la clínica médico-forense de Madrid Blanca Vázquez y Susana Esteban.
Cuando Javier les empieza a hablar de su perro Atila dice: «El pe­rro es una magnífica persona, cuando lea la prensa ya sabrá él a lo que me refiero».
Javier se declara ratón de bibliotecas, con más de 3.000 volúme­nes en su casa, y las psicólogas corroboran que el preso cuenta con cierto bagaje de cultura fantástica, pero no sabe quién es Martin Luther King, por no hablar de temas corrientes como ecología o Ter­cer Mundo, de los cuales asegura desconocer todo.
El dilema
¿Loco o actor? El informe de las psicólogas lo califica de psicópata pero... «este diagnóstico implica un trastorno de personalidad que no afecta en absoluto a su capacidad de entender y obrar [...]. El sujeto sabe lo que quiere hacer y quiere hacerlo cuando lo hace». Por tanto, susceptible de condena.
El informe de las psicólogas es bastante más duro que el del psi­quiatra contratado por la familia. Para ellas, Javier Rosado jamás se ha creído ser una de sus razas, sino que las conoce y controla a su voluntad y siempre desde una perspectiva de observador. Y conclu­yen: «Se trata de un sujeto altamente peligroso [...]. Bajo circuns­tancias favorables podría cometer cualquier crimen violento y sádi­co. Odia a la sociedad y a las personas, con las que no se siente implicado más que de forma racional. Busca activamente reconoci­miento social».
Blanca Vázquez y Susana Esteban concluyen su estudio de 21 pá­ginas el 7 de octubre de 1994. Doce días después Juan José Carras­co Gómez y Ramón Núñez Parras, especialista en psiquiatría el pri­mero y médicos forenses ambos adscritos a los juzgados de la plaza de Castilla, presentan a petición de la juez otro estudio sobre Javier de 51 páginas. Ambos análisis, el de ellas y el de ellos, se habían efectuado de forma paralela a petición de la juez y de eso se queja­rían por escrito Carrasco y Núñez al entender que «los retests practi­cados en fechas cercanas pierden fiabilidad».
Unos y otras se encierran con el preso, visitan a sus familiares, analizan sus escritos y, al emitir sus dictámenes, se contradicen. Ca­rrasco y Núñez sostienen que cualquiera de las múltiples personali­dades de Javier «pueden tomar el control absoluto de la conducta». O sea, exento de penas.
Aunque también hacen reseñar los doctores que tanto su madre como su hermano mayor no habían observado antes del crimen nin­gún comportamiento en Javier sospechoso de tratamiento psiquiátrico. Ni alteraciones de memoria, ni manifestaciones de las distintas personalidades, ni soliloquios. Siempre fue muy estudioso, introver­tido y lector infatigable. Nunca pensaron que precisase de psicólogos, aunque una vez en la cárcel comenzaron a verle con trastornos serios en sus visitas.
En una de sus entrevistas los dos psiquiatras llegan a plantearse si Javier actúa en plan estratega, porque alguna vez les había ad­vertido que durante su estancia en prisión iba a resucitar a Wul, el estratega que estaba adormecido, para defenderse así de funciona­rios, médicos y otros presos.
Tras varias horas de entrevistas con el recluso y su familia, tras consultar las más de 1.000 páginas que Javier escribió sobre su jue­go, además de bibliografía y jurisprudencia sobre personalidad múltiple en Estados Unidos, Carrasco y Núñez concluyen que sus tras­tornos no están buscados conscientemente como coartada porque sería muy difícil de simular un cuadro clínico de tanta riqueza, ex­presividad y contenidos. Resumen: enajenación mental completa. En cuanto a las posibilidades de cura, «no existe ninguna cuya indica­ción sea garantía de una evolución favorable».
Sin embargo, Javier Saavedra, el abogado de la familia de la víc­tima, asesorado por psiquiatras especialistas en casos de múltiple personalidad, sostiene que Javier es un psicópata dueño de todos sus actos. «Si hubiera encontrado junto a la víctima a un guardia civil, un psicótico habría cometido el crimen igualmente, pero Javier Ro­sado, no: él discernía el peligro. El psicótico puede ver perturbados sus sentidos afectivos, pero no es frío como el psicópata.»
Carlos Fernández Junquito, médico psiquiatra del Hospital Ge­neral Penitenciario, vio a Javier como una persona con la afectivi­dad prácticamente abolida. «Cierto día, estando presente en la en­trevista la psicóloga de la Unidad, le dijo: "Puede usted quedarse, es como el teléfono".»
Pero el psiquiatra Fernández Junquito le diagnosticó el 18 de oc­tubre de 1994, en el informe más breve de los tres elaborados, es­quizofrenia paranoide, algo que desecharon otros doctores.
Para el letrado Saavedra, Javier Rosado no sólo está exento de cualquier tipo de esquizofrenia sino que se trata de un psicópata res­ponsable y consciente de todo lo que hizo: «El lenguaje del psicópa­ta es estructurado, racional y lógico, como el de Javier; los psicópatas_ son seres racionales, muy manipuladores, engañan mucho, ambicio­nan el poder y para ello se valen del lenguaje, mientras que el psi­cótico pasa del poder. En el momento en que lo cogieron no es un psicótico, aunque después haya desarrollado una psicosis».
Javier se consideró impotente ante los psiquiatras para saber si él había cometido el crimen. Aseguró que si intentara averiguarlo se podía declarar dentro de su cabeza una guerra civil entre las razas, como la que sufrió con 17 años: «Hubo una rebelión en COU que fue la guerra de los Maras... fue cuando tuve el desengaño amoroso, mi depresión, Mara contra Fasein». Para investigar sobre aquel cri­men dijo que tendría que atravesar pasillos de su cerebro muy peli­grosos, porque hay razas que no dejan pasar a nadie por allí.
El 22 de junio de 1994 Javier salió esposado de la cárcel de Val­demoro para que lo examinara en los calabozos de la plaza de Cas­tilla un forense. En el trayecto del furgón a la cárcel, un redactor de El País le preguntó:
–Javier, ¿te arrepientes de lo que has hecho?
–Yo no he hecho nada –contestó con la cabeza gacha para eludir las fotos–, yo no he hecho nada.
Uno de los guardias civiles que lo custodiaban le levantó la cabe­za agarrándolo por la nuca y le dijo:
– ¿Que no has hecho nada, cabrón?
En la cárcel, algunos presos mucho más fornidos que él le respe­tan y le temen por el halo de inteligencia que le ha otorgado la pren­sa y sus partidas de ajedrez.
Pero su compañero Félix fue a parar a un pabellón de adultos donde los otros presos, en un alarde de originalidad, lo han bautiza­do con el alias de Niño.
Los psiquiatras Carrasco Gómez y Núñez Parra señalan que a pe­sar de todo Félix seguía admirando a Javier y se mostraba interesa­do por lo nuevo que podía estar escribiendo su amigo en prisión sobre Razas. «Ahora seguro que utiliza la raza 17, Wul, y la 18, la serpiente de lengua bífida, que intenta convencer haciendo daño a otros, implicar a otros para salvarse él mismo ... y es posible que Fa­sein pueda cortarse los dedos, Fasein es el que se automutila, que aprende con el sufrimiento, que se va cortando los dedos y va apren­diendo ... »
Félix a veces también duda de su personalidad: «No estoy seguro de haberlo hecho... pero quizás no fuera yo en ese momento... esta­ba muy identificado con Javier... me he metido en un lío... [sollozos], de una broma de matar a alguien nunca pensé que fuera a suceder lo que sucedió».
Mientras esperaban la sentencia del juez, Javier seguía jugando a sus Razas, inventando alguna de ellas basada en la persona de un policía que le interrogó, y Félix se entretenía con poemas como este que escribió antes del crimen:
Quiero romper las cadenas de la muerte
y volar por estepas infinitas
con un caballo de alas marchitas
cantando con el grito de un demente.
Pasarán estaciones pequeñitas
en el ritmo incesante de mi mente
con mi amargo recuerdo tan caliente
soñarán las mujeres más bonitas.
Mas te recuerdo y en mi memoria gritas.
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2017.04.06 22:52 yuensteiger The night blesses the earth

El granjero vio como su mujer ponía la panera en el centro de la mesa, él le sonrió agradecidamente pero ella le advirtió que no eran para él. - Son para los muchachos, ya sabes – dijo la mujer señalando a sus hijos que estaban entrando por la puerta del comedor, acercándose a la mesa.
Con una sonrisa gigante el granjero recibió a sus hijos, partiendo el pan, cantando “vengan, acérquense que hay pan para todo el mundo” suficientemente fuerte para que su mujer lo escuche desde la cocina. A pesar de esta puesta en escena él solo comería una porción del pan, que lo partió en trozos para que le durara todo el almuerzo.
El resto del almuerzo continuó sin mayor sobresalto, y no se volvieron a tocar temas como el sindicato o grabar un disco y mucho menos el alcalde. Hasta que se vio interrumpido por un golpeteo en la puerta de madera, que fue aumentando su intensidad, pero siempre manteniendo el ritmo. La cara de toda la familia se ilumino y una sonrisa se pintó en cada uno de sus miembros. Rápido, el más joven de la mesa, se levantó y fue a abrir a la puerta. Desde la mesa se escuchó un grito, una risa y un abrazo tan fuerte que retumbo por toda la casa.
Uno de los miembros de la banda había llegado, el tío de los muchachos. Después de fundirse en un abrazo con su sobrino pasó a los gritos y carcajadas, dándole su guitarra al muchacho para que la cargara, sabía que él tenía cierta curiosidad por la música y le gustaba estar cerca de los instrumentos desde niño. El Músico era de tez blanca como su hermana y con los mismo ojos azules profundos, ojos que lo vieron todo, pero con una nariz aguileña y una mandíbula bien definida que lo diferenciaba de ella, que con rasgos delicados y sutiles enamoró completamente al granjero de su marido. Que al poco tiempo de conocerla estaba completamente decidido a casarse con ella y hacerla la mujer mas feliz del planeta, y que nada le faltaría. Él nunca estuvo seguro si a ella le faltó algo en todos estos años de matrimonio, pero sabía que ella era feliz con él y que lo cuidaba con todo su ser.
Su cuñado también lo sabía, tanto que lo eligió para fundar la banda que tocaba en las pequeñas reuniones que hacían para festejar las cosechas, y poco a poco se fueron convirtiendo en hermanos y socios a medida que las reuniones se convirtieron en el pequeño festival que montaban en la granja cada año.
La noche que llegó su hermano músico, la madre de la casa ordeno a sus verdaderos hijos, poner sus maletas en la habitación que habían preparado para él. Ella sabía que por esta semana seria la madre de cuatro niños que debía tener a raya y que los horarios normales de la casa se alterarían, “es una vez al año, ma, vamos a divertirnos” solía decirle su hermano haciéndola girar como trompo en el medio del salón mientras bailaban.
Todos los ojos de la mesa se dirigieron a la una mujer que había en la casa, rogando por aprobación. Ella los ignoró y siguió hablando de otra cosa mientras comía, hasta el final de la cena no les dio la respuesta, que ella ya había decidido en cuanto se lo preguntaron. Era un pequeño juego que tenía para ver que tantas ganas tenían ellos de lo que le pedían. Con esta técnica pudo desactivar muchas bombas y pedidos incoherentes, que sus hijos preguntaban sin pensarlo bien.
La noche estaba estrellada y la luna iluminaba toda la granja. El mayor de los hermanos llegó con una botella de whiskey, enviado por su madre. El Granjero se dio vuelta para espiar por la puerta entreabierta y vio como su mujer le guiñaba el ojo, el sonrió y sintió el corazón lleno. Cuando llegaron los instrumentos, el Músico se sorprendió al ver también un violín y más aún se sorprendió cuando el mayor de sus sobrinos lo tomó y empezó a afinarlo. Él miró a su tío y le levanto las cejas, tenía los ojos idénticos a los suyos, los tradicionales ojos de su familia, en cambio, el más joven de la familia, era la copia exacta de su padre, incluso la barba que estaba emergiendo de su rostro, y el recortaba prolijamente para envejecer sus facciones, tenía esa tonalidad rojiza del otro lado de la familia.
El muchacho tenía un perfecto control del violín, incluso sabia jugar con el saliendo del libreto, cosa que le encantaba a su tío, que cambiaba la opinión sobre su sobrino canción tras canción. Y así la noche y el ensayo fueron fluyendo de una manera muy natural y mágica, hasta la última canción, donde los adultos dejaron los instrumentos y se dedicaron a tomar el whiskey mirando como los jóvenes se divertían y ellos solo acompañaban con los coros. Al finalizar el ensayo, el tío le paso a su sobrino menor la botella de whiskey mientras el Granjero prendía un cigarro.
El más joven de los hermanos, probó un trago y lo escupió, para risa de todos. El mayor tomó la botella se sirvió en un vaso solemnemente, y de a poco fue tragando la bebida que le quemaba la garganta, ya la conocía, de escapadas con sus amigos del sindicato. La botella volvió a su papá, mientras su tío tomo el cigarro, los cuatro se quedaron contemplando la noche y como la luna con su luz bañaba al granero y al campo en toda su extensión.
El Granjero todo el tiempo se mantuvo al margen, hamacando su silla, mirando a las estrellas, fumando su cigarro y escuchando como sus hijos mostraban sus personalidades a su tío. Los dos claramente tenían la sangre caliente, pero tenían distintos fines, miraban las cosas de distintas maneras. Ambos sentían injusticia hacia el trato que tenía esta zona del país, injusticia que se había esparcido por muchos años y quizás se siga esparciendo, una vez que él ya no esté con su tractor paseando por los campos. Estos campos, pensó, que habían visto la historia ir y venir, habían desfilado coroneles y sus guerras, y revolucionarios prometiendo tiempos mejores, todos murieron antes de ver cumplidos sus sueños o verlos destruidos por el siguiente. Sintió la brisa de otoño llevándose el humo del cigarro, sabía que esa brisa venia de otros lados y otros tiempos que vieron crecer el trigo y el maíz del campo, que vieron inundaciones y sequias. Él sintió toda la pobreza de la gente, recordó su infancia, las historias que le contaban sobre la guerra, una guerra de hermanos, una guerra de vecinos, que dejó desequilibrada la balanza. Mirando a los ojos de su hijo más pequeño, que terminaba de contar por lo que quería pelear, y marcándolo para siempre, siguió con la broma que había plantado su cuñado, pero con una profunda sinceridad, dijo:
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2017.04.06 22:34 yuensteiger La noche bendice la tierra

El granjero vio como su mujer ponía la panera en el centro de la mesa, él le sonrió agradecidamente pero ella le advirtió que no eran para él. - Son para los muchachos, ya sabes – dijo la mujer señalando a sus hijos que estaban entrando por la puerta del comedor, acercándose a la mesa.
Con una sonrisa gigante el granjero recibió a sus hijos, partiendo el pan, cantando “vengan, acérquense que hay pan para todo el mundo” suficientemente fuerte para que su mujer lo escuche desde la cocina. A pesar de esta puesta en escena él solo comería una porción del pan, que lo partió en trozos para que le durara todo el almuerzo.
El resto del almuerzo continuó sin mayor sobresalto, y no se volvieron a tocar temas como el sindicato o grabar un disco y mucho menos el alcalde. Hasta que se vio interrumpido por un golpeteo en la puerta de madera, que fue aumentando su intensidad, pero siempre manteniendo el ritmo. La cara de toda la familia se ilumino y una sonrisa se pintó en cada uno de sus miembros. Rápido, el más joven de la mesa, se levantó y fue a abrir a la puerta. Desde la mesa se escuchó un grito, una risa y un abrazo tan fuerte que retumbo por toda la casa.
Uno de los miembros de la banda había llegado, el tío de los muchachos. Después de fundirse en un abrazo con su sobrino pasó a los gritos y carcajadas, dándole su guitarra al muchacho para que la cargara, sabía que él tenía cierta curiosidad por la música y le gustaba estar cerca de los instrumentos desde niño. El Músico era de tez blanca como su hermana y con los mismo ojos azules profundos, ojos que lo vieron todo, pero con una nariz aguileña y una mandíbula bien definida que lo diferenciaba de ella, que con rasgos delicados y sutiles enamoró completamente al granjero de su marido. Que al poco tiempo de conocerla estaba completamente decidido a casarse con ella y hacerla la mujer mas feliz del planeta, y que nada le faltaría. Él nunca estuvo seguro si a ella le faltó algo en todos estos años de matrimonio, pero sabía que ella era feliz con él y que lo cuidaba con todo su ser.
Su cuñado también lo sabía, tanto que lo eligió para fundar la banda que tocaba en las pequeñas reuniones que hacían para festejar las cosechas, y poco a poco se fueron convirtiendo en hermanos y socios a medida que las reuniones se convirtieron en el pequeño festival que montaban en la granja cada año.
La noche que llegó su hermano músico, la madre de la casa ordeno a sus verdaderos hijos, poner sus maletas en la habitación que habían preparado para él. Ella sabía que por esta semana seria la madre de cuatro niños que debía tener a raya y que los horarios normales de la casa se alterarían, “es una vez al año, ma, vamos a divertirnos” solía decirle su hermano haciéndola girar como trompo en el medio del salón mientras bailaban.
Todos los ojos de la mesa se dirigieron a la una mujer que había en la casa, rogando por aprobación. Ella los ignoró y siguió hablando de otra cosa mientras comía, hasta el final de la cena no les dio la respuesta, que ella ya había decidido en cuanto se lo preguntaron. Era un pequeño juego que tenía para ver que tantas ganas tenían ellos de lo que le pedían. Con esta técnica pudo desactivar muchas bombas y pedidos incoherentes, que sus hijos preguntaban sin pensarlo bien.
La noche estaba estrellada y la luna iluminaba toda la granja. El mayor de los hermanos llegó con una botella de whiskey, enviado por su madre. El Granjero se dio vuelta para espiar por la puerta entreabierta y vio como su mujer le guiñaba el ojo, el sonrió y sintió el corazón lleno. Cuando llegaron los instrumentos, el Músico se sorprendió al ver también un violín y más aún se sorprendió cuando el mayor de sus sobrinos lo tomó y empezó a afinarlo. Él miró a su tío y le levanto las cejas, tenía los ojos idénticos a los suyos, los tradicionales ojos de su familia, en cambio, el más joven de la familia, era la copia exacta de su padre, incluso la barba que estaba emergiendo de su rostro, y el recortaba prolijamente para envejecer sus facciones, tenía esa tonalidad rojiza del otro lado de la familia.
El muchacho tenía un perfecto control del violín, incluso sabia jugar con el saliendo del libreto, cosa que le encantaba a su tío, que cambiaba la opinión sobre su sobrino canción tras canción. Y así la noche y el ensayo fueron fluyendo de una manera muy natural y mágica, hasta la última canción, donde los adultos dejaron los instrumentos y se dedicaron a tomar el whiskey mirando como los jóvenes se divertían y ellos solo acompañaban con los coros. Al finalizar el ensayo, el tío le paso a su sobrino menor la botella de whiskey mientras el Granjero prendía un cigarro.
El más joven de los hermanos, probó un trago y lo escupió, para risa de todos. El mayor tomó la botella se sirvió en un vaso solemnemente, y de a poco fue tragando la bebida que le quemaba la garganta, ya la conocía, de escapadas con sus amigos del sindicato. La botella volvió a su papá, mientras su tío tomo el cigarro, los cuatro se quedaron contemplando la noche y como la luna con su luz bañaba al granero y al campo en toda su extensión.
El Granjero todo el tiempo se mantuvo al margen, hamacando su silla, mirando a las estrellas, fumando su cigarro y escuchando como sus hijos mostraban sus personalidades a su tío. Los dos claramente tenían la sangre caliente, pero tenían distintos fines, miraban las cosas de distintas maneras. Ambos sentían injusticia hacia el trato que tenía esta zona del país, injusticia que se había esparcido por muchos años y quizás se siga esparciendo, una vez que él ya no esté con su tractor paseando por los campos. Estos campos, pensó, que habían visto la historia ir y venir, habían desfilado coroneles y sus guerras, y revolucionarios prometiendo tiempos mejores, todos murieron antes de ver cumplidos sus sueños o verlos destruidos por el siguiente. Sintió la brisa de otoño llevándose el humo del cigarro, sabía que esa brisa venia de otros lados y otros tiempos que vieron crecer el trigo y el maíz del campo, que vieron inundaciones y sequias. Él sintió toda la pobreza de la gente, recordó su infancia, las historias que le contaban sobre la guerra, una guerra de hermanos, una guerra de vecinos, que dejó desequilibrada la balanza. Mirando a los ojos de su hijo más pequeño, que terminaba de contar por lo que quería pelear, y marcándolo para siempre, siguió con la broma que había plantado su cuñado, pero con una profunda sinceridad, dijo:
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2016.05.01 10:43 EDUARDOMOLINA EL GRAN WYOMING. "El niño Pablo les ha salido respondón. Los medios de comunicación están cada vez más concentrados y financiados por los bancos y las grandes corporaciones que cubren sus pérdidas, para convertirlos en órganos de propaganda a su servicio.

https://elventano.es/2016/04/desde-secta-metiendo-dedo-en-ojo.HTML
""GRAN WYOMING Cuando a la moza casadera la dejaba preñada el amo, se asumía como parte inevitable del cruel destino pero, si era su novio, se presentaba el padre con la escopeta de caza para zanjar el asunto. No se admiten ofensas de un igual, y no digamos de un inferior."" - - - - - - - - - - - - - - - -
"Definitivamente, fue el Señor el que envió a Podemos al mundo con una misión: “Dignifícalo todo”. Envió al mundo esa peste para que a su lado, con respecto a ellos, todos se sintieran mejor, más justos, más humanos, más dignos. Sus miembros cumplen la misma función que los participantes en los reality shows de televisión, tranquilizar a la mediocridad-ambiente haciendo que los espectadores se vean superiores.
También sabemos que la crueldad de Jehová es difícilmente superable y que a los agentes que envía a la tierra los dota de unos superpoderes extraños, como transformar el agua en vino, pero que no les sirven para evitar los suplicios que sufren en propia carne. No les aparta el cáliz. Con buena estrategia comercial prefiere convertirlos en referencias, en mártires cuyo símbolo puedan portar con orgullo los seguidores, solidarios con la injusticia que sufrió su mito. Eso está consiguiendo este Sistema con tanto demonizar a Podemos y hacer causa común en su contra.
Del mismo modo que la CIA advierte a sus sicarios de que si les pillan cometiendo las fechorías encomendadas nadie se hará responsable de sus suplicios ni dará la cara por ellos, la crucifixión del agente enviado del Más Allá para dignificar a los terrícolas está garantizada. Lo de las urnas era una broma. Para ascender al Congreso de los Diputados el calvario está siendo duro.
Digan lo que digan, y aunque sea desde la ofensa, el revulsivo que ha supuesto la presencia de Podemos ha venido bien a esta sociedad que se encontraba adormecida y con unos representantes políticos que, una vez elegidos, ocupaban su escaño desde la resignación, caminando por el estrecho margen que deja la coyuntura, y planteando propuestas que no contradijeran la voluntad de los poderes reales, esos contra los que no se puede luchar sin caer en la demagogia y el populismo porque son los amos de las cosas, aunque persigan, y en estos tiempos con más beligerancia que nunca, llevar al personal por la senda de la esclavitud. “Aceptemos una esclavitud digna”, era lo máximo que podían ofrecer nuestros representantes.
Si por algo se ha caracterizado la presencia de Podemos en el espectro político es por ser un permanente acicate de la susceptibilidad. Aquí pasa como en los dramas rurales, donde el honor era una causa por la que quitar o perder la vida, a no ser que fuera mancillado por el señorito, en cuyo caso prevalecía la resignación. Así, cuando a la moza casadera la dejaba preñada el amo, se asumía como parte inevitable del cruel destino pero, si era su novio, se presentaba el padre con la escopeta de caza para zanjar el asunto. No se admiten ofensas de un igual, y no digamos de un inferior. Vivimos en esa sumisión atávica de respeto al señorito.
Viendo el éxito que tuvo esta fuerza emergente que se quedó a trescientos mil votos del PSOE, un partido con cien años de tradición, rigiéndose por las leyes del mercado, diferentes fuerzas políticas se apuntaron al carro y, del mismo modo que en los tiempos de la Movida Madrileña personajes insospechados aparecieron con el pelo teñido de verde, se habla de cosas tan raras como “democracia interna” en el seno de los partidos políticos. Ya no son importantes las relaciones con la cúpula, la fidelidad, la docilidad, ni los trienios de militancia, sino que hasta el PP habla de elecciones primarias. ¡Válgame dios!
Bien es cierto que el PSOE, que siempre presumía de ello, se encargaba de segarle la hierba de debajo de los pies al candidato que osaba disputar el liderazgo a aquel que proponía la oficialidad del partido. El caso de Borrel fue una risa. Mientras daba un mitin defendiendo su candidatura subido en una mesa, con un megáfono, en la puerta de la sede de su partido en una ciudad que ahora no recuerdo, porque el encargado de abrir aquello no apareció con la llave, al mismo tiempo, la oficialidad se encontraba en una plaza de toros, con sus primeros espadas, los históricos del partido, disfrutando de una fiesta mitin con fin de fiesta musical. Bueno, pues a pesar de todo ganó Borrel. No le sirvió de nada. Tampoco a las bases que le votaron. No fue candidato. Algo parecido a lo que le ha ocurrido a Pedro Sánchez, que alguna vez creyó que si ganaba en esas elecciones internas sería él quien mandase hasta que le contaron de qué iba el tema. A qué y a quién se debía.
En cualquier caso, y aunque sólo sea a nivel formal, los partidos hablan ahora de decencia, de limpieza, de regeneración democrática, de honradez, de cambio, de progresismo.
El niño Pablo les ha salido respondón y, mira tú por dónde, se dedica a ir señalando con el dedo lo que le parece mal y claro, no da una. Esas cosas sólo las puede hacer el amo. Lo digo yo que trabajo en un medio al que los señoritos de las instituciones llaman “La Secta”, sin que ningún compañero dé la cara por los periodistas que trabajan ahí, sin duda tan respetables como los demás, dividiéndose las opiniones de los profesionales entre los que repiten el calificativo como un chascarrillo basado en la realidad, y los más serios que lo entienden como una bromilla de la autoridad competente sin la menor importancia. Les hacen gracia Esperancita & Co. Eso sí, todos coinciden en señalar algo tan ridículo como que “La Secta” es el órgano de propaganda de Podemos, sólo porque no se caga en ellos.
Falló el vaticinio de Celia Villalobos cuando le dijo a Pablo Iglesias que al entrar en el Congreso dejaría la demagogia fuera. Con demagogia se refería a esas cosas que lleva Iglesias en su programa. Es decir, que una vez allí se compadrea en el bar y son todos colegas aunque de puertas afuera se mantenga la imagen de rivalidad. Se refería la señora Villalobos a esas cosas que se hacen en secreto, como negociar los puestos de las mesas, la Presidencia del Congreso y demás. Así, de cara a la votación de hace unos días para elegir a los miembros de la Diputación Permanente del Congreso se reunieron, como digo, en secreto, PP, PSOE y Ciudadanos para dejar fuera a Podemos, saltándose el sacrosanto aval que suponen los votos de los ciudadanos, al tiempo que vuelven a acusar a Pablo Iglesias de estar obsesionado con los sillones.
Están más cómodos decidiendo entre ellos, en comandita, sin los tocapelotas de las mareas y el activismo. Lo explica muy bien el portavoz de Ciudadanos, abundando en las tesis de Villalobos cuando, después de pillar las sillas que no le correspondían, para demostrar que vienen a limpiar y regenerar la vieja política, decía que los señores de Podemos demostraban “una incapacidad para negociar, anticiparse a los acontecimientos y falta de conocimiento de dónde se está”. That is the question: No saben donde están. Les falta picardía. Aquel lugar en el que tan bien se mueve esta fuerza nueva, no tiene mucho que ver con la democracia externa, la de la calle, la de las urnas, sino con la interna, esa que toma decisiones en las sombras del Congreso a espaldas, y muchas veces en contra, del mandato popular. A eso se refería doña Celia cuando le dijo a Pablo Iglesias que ya le contaría de qué iba el tema más tranquilamente, tomando un gin tónic en el bar de la casa. Pues no, no se dejaron la demagogia fuera, tampoco las rastas, ni el niño, y para charlas de los de abajo, no está preparado el personal.
Esa reacción general, unánime y, por primera vez, acompañada de una acción, de un gesto, como es el de levantarse de una charla porque los periodistas presentes se sienten ofendidos, viene bien. Ya era hora de que los periodistas, humillados constantemente, convertidos en difusores de la doctrina del partido gobernante al acudir a las ruedas de prensa donde no permiten hacer preguntas, se levantaran de sus sillas y no para hincar el lomo delante de un plasma donde aparece El Gran Hermano Mariano. Pablo Iglesias sí les provoca la “espantá” y en el tsunami de artículos, tertulias radiofónicas, reportajes, notas en los informativos de TVE y de otras cadenas, y demás elementos que han acompañado a esta reacción sorprendente, también han reconocido que otras veces no han estado tan susceptibles.
Bueno, pero eso es pasado. Ahora, una vez recuperada la dignidad gracias a la ofensa de Pablo Iglesias, se inaugura una nueva era en la que el derecho a la información tan reivindicado estos días va a primar sobre todo lo demás y, sin duda, veremos filas de periodistas levantándose en las ruedas de prensa cuando alguien ofenda a algún profesional de la información. Se puede empezar por los despidos de Telemadrid producidos tras una impresentable criba de represión política incompatible con un Estado democrático, donde la indignación de sus compañeros brilló por su ausencia.
Que no, que era broma. Que ha sido un hecho puntual para recordarle a Pablo Iglesias cuál es su sitio y que si un periodista dice en su medio que le hubiera pegado cuatro tiros con una escopeta, eso es parte del juego y que, como decía Gila, si no sabe aguantar bromas que se vaya del pueblo. O a un puesto de ‘pescatero’.
Recordará ahora Manuela Carmena cuando dijo que no tenía a ningún medio de su lado y se armó la de dios. También hubo una salida en tromba de la profesión periodística afirmando que no tenían por qué estar del lado de nadie. Tuvo que disculparse Carmena diciendo que no habían interpretado bien sus palabras. Se equivocaba, las interpretaron perfectamente, por eso se enfadaron. Se quedó corta, tenía a todos en contra. Otra cosa es por lo bajinis. Clasismo. De eso hablamos.
Los medios de comunicación están cada vez más concentrados y financiados por los bancos y las grandes corporaciones que cubren sus pérdidas, para convertirlos en órganos de propaganda a su servicio. O comprados con propaganda institucional, que pagamos todos con nuestros impuestos, en algunos casos de forma tan vergonzosa como en Castilla-La Mancha, sacados del presupuesto destinado a un hospital.
Triste destino el de una cabecera como El País, que se pliega a los deseos de sus dueños apoyando al candidato que ordene el director de turno, decapitando a los redactores que dotaron de prestigio y dignidad a ese periódico, en un tiempo en que podían ir al despacho del director a pedir explicaciones por lo que consideraban manipulaciones o atentados a su independencia. Eso ya es historia y como lector me sentí estafado. Fueron muchos años paseándolo por la calle.
La indignación hoy pasa por defender el puesto de trabajo del que tiene que ganarse el huevo frito diario, y eso está bien. Nadie lo discute, pero yo he vivido cosas peores que las que ocurrieron en ese acto, muchas veces. El verdadero delito cometido por Pablo Iglesias ha sido señalar con el dedo y eso, ya lo decían las mamás, está muy feo. No ofende el hecho, se ofenden porque es él.
Lo demás, lo de la dignidad y el derecho a la información, está muy bien, ya nos gustaría a los ciudadanos que se cuidara un poco más. De momento, para mí, ese derecho se está disfrutando gracias a espacios como éste, reducido, que sobrevive a duras penas al margen de la publicidad que compra el espacio y la voluntad de los dueños de los medios. Otro día hablaremos de la huelga de Coca-Cola.
Yo iré esta tarde a “La Secta”, así nos llaman los que mandan sin ofender, por lo visto, la dignidad de nadie. ¡Qué suerte ser de los de arriba! Con ellos hay que sonreír cuando dicen esas cosillas, o cuando un presidente del Gobierno te mete el bolígrafo entre las tetas.
Nosotros no tenemos dignidad, hace mucho que nos la comimos con patatas. Recuperación de la dignidad. Esa es la buena consecuencia de lo ocurrido, a ver quién tiene huevos de mantenerla. “Condescendientes con el de arriba e implacables con el de abajo. A eso lo llaman valentía y dignidad cuando no es más que el instinto de supervivencia que impone el orden establecido, Sancho”. Bueno, la frase es mía, pero viene al caso de lo que hablamos y de los tiempos del centenario."
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2014.08.05 13:34 guineveo TRANSPORTE GRATUITO PARA LOS PARADOS

EN SEPTIEMBRE QUIERO SOLICITAR ATRVES DE AVAAZ O VIA CHANGE , ALGOBIERNO Y AL AYUNTAMIENTO DE MADRID QUE ES DONDE VIVO QUE EL TRANSPORTE PARA LOS PARADOS SEA GRATUITO, LO DEJO A ESTAS FECHAS PORQUE AHORA NO HAY NADIE. LA CARTA YA LA TENGO REDACTADA MÁS O MENOS. LA VOY A PONER AQUI PARA QUE ME DIGAIS Y SI TENEIS ALGUNA SUGERENCIA PARA MEJORARLA GRACIAS
REVINDICACION TRANSPORTE PARA LOS PARADOS • Mi nombre es Isabel Gómez DNI 02514981T, y soy una parada de larga duración, tengo más de 45 años, en mi casa somos dos personas y todo el dinero, es el que aporto yo, 426 euros, ya se pueden dar cuenta de lo poco que cubre este dinero (luz, gas, agua y teléfono, comida y gastos productos de limpieza, más la reposición de las cosas que se rompen, tipo bombillas etc.…). Todo esto lógicamente haciendo malabarismos. • Cuento todo esto, porque cuando veo tanto en los programas noticias o al gobierno hablar de las necesidades básicas de los parados nadie habla del transporte, se habla del hambre, de la pobreza energética, etc. • Puede que a primeras parezca comparado con lo otro, un asunto sin importancia, pero realmente el no tener dinero para poder moverte sobre todo en ciudades grandes (yo vivo en Madrid) es algo muy grave para un parado. Si Rajoy justificó la reducción de tiempo e ingresos en la prestación de desempleo a las personas en paro, para que se motivasen en la búsqueda de trabajo, digan me ¿como busco empleo si no tengo dinero para poder echar currículos en las empresas o buscar contactos, ir a citas o incluso realizar cursos de reciclaje? En Madrid un bono transporte básica cuesta más de 50 euros, un bono bus 12, 20 y un billete simple 1,5 euros. Siempre está el ordenador y las miles de páginas como infojobs que te ayudan a buscar trabajo, yo he estado apuntada a la mayoría y nunca ninguna empresa me ha llamado, así como tampoco el INEM ni tan siquiera para un curso o taller. Por cierto quiero avisar a muchas personas que hay empresas que aparentando que vienen avalados por este último, te llaman para ofrecerte un curso de los que tu habías solicitado a la agencia y cuando llegas a la cita que te dan, estos cursos son de pago, no gratuitos y carísimos. (3 euros de transporte me costo la broma), • Pero el transporte no solo limita la búsqueda de empleo, sino el que te sociabilices, el hecho de ver a mi madre, a mis amigas, ir a alguna actividad lúdica ó representación gratuita que no esté en mi zona, me es casi imposible, si lo hago, realmente es una excepción. Esto además esto no es un tema baladí, me explicaré mejor, y seguro que lo entienden muy bien los parados, más si llevan tiempo en esta situación. Un parado no se siente en la gloria por no tener nada que hacer, casi se siente un ser estigmatizado por no poder tener dinero para mantenerse no sólo a él, sino a su familia, pero además buscando trabajo, de cada entrevista se sale con una sensación de poca valía increíble, nadie te explica porque no te seleccionan con lo cual al final terminas sintiendo que eres tú, el que no vales y poco a poco la autoestima va mermando. Por eso es importante que un parado, encima no tenga que quedarse en casa rumiando su situación y que pueda sociabilizarse (aunque para mí sería necesario que existieran profesionales gratuitos que nos ayudaran) Es muy triste sentirse fuera de esta sociedad, ya que encima provenimos de una educación que hace gala del dicho que el trabajo dignifica, así que ser un parado te hace sentirte poco digno “quizás por eso solo nos merecemos estar en casa, sentados en algún banco de la calle, o dando un paseo por nuestra zona que generalmente está llena de tiendas donde no podemos comprar . Un caso que salió en un programa de la televisión, donde se denunciaba el hambre infantil, una profesora comentaba sobre una de las familias que llevaban a sus hijas al colegio, con la vergüenza que le confesaba la madre a esta profesora porque tenía que colarse todos los días en el metro para poder llevar a sus hijas al colegio, no es un hecho raro, no nos podemos permitir utilizar el transporte • Por eso pido que si ya existen colectivos, como pensionistas, jóvenes o discapacitados que tienen grandes rebajas en los abonos en el trasporte público, se haga lo mismo con los parados que no cobran ninguna prestación, o prestaciones ínfimas como es mi caso. No perderían dinero puesto que en general apenas hacemos uso de él, porque no nos lo podemos permitir. • Además, este sería, un acto de buena voluntad. No supone inversiones ni gastos, y el dinero que perderían por consumo de transporte por nosotros , es insignificante
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